Campaña Aérea y operaciones de baja intensidad

Crisis Irán

 
 

Cuando el grueso de la Opinión Pública mundial trata de entender la crisis producida por el programa nuclear iraní, no alcanza a interpretar la dimensión de la misma. Si sólo nos guiamos por la Prensa, el gran problema es su plan nuclear con supuestos fines militares, algo que dentro de la retórica iraní resulta en extremo peligroso pero no está comprobado que sea cierto. Sin embargo, más allá de lo que se piensa, hay en juego muchos más factores que los del programa nuclear, hablamos de intereses políticos y estratégicos a un nivel no interpretado claramente, ciertamente, el objetivo llevará implícito el modo de realizar cualquier operación militar, y por ende la manera de administrar la fuerza.
Esta crisis está en proceso de escalada, los sectores más belicosos de Washington siguen apostando a la “diplomacia de la fuerza”, mientras que otros actores buscarían una salida diplomática a esta crisis que, siempre, va a resultar más beneficiosa que la guerra, pero son muchos los factores que condicionan estas estrategias de negociación.

USA no ve en Irán una verdadera amenaza nuclear, en realidad ve una amenaza geopolítica importante dentro de un ambiente de confrontación cultural del que Washington parece no interpretar la importancia. Mientras Irán está apostando al crecimiento de su poder político en la región, mediante el apoyo a Palestina y las milicias libanesas del Hezbollah, buscando robustecer la imagen en una cruzada contra los “infieles”, USA lo que quiere evitar es que esa posición tenga éxito, alternando éxitos y fracasos en este punto. Por otro lado, USA sigue recordando los problemas que trajo, en su momento, el conflicto de Irán-Irak entre 1980-1988, donde el tránsito petrolero en el Golfo motivó una operación de tamaña envergadura (1).

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Presentación oficial del submarino "Gahir" ante el presidente Ahmadineyad hace un par de años. Desarrollo del modelo norcoreano "Sang-O", este buque es capaz de transportar hasta 24 buzos o comandos para realizar misiones de sabotaje o asaltos costeros, o bien sembrar cerca de una decena de minas marinas sobre las rutas de navegación comercial. Algunas fuentes indican que puede utilizar torpedos ligeros, aunque su empleo en funciones de ataque es discutible. (Foto: MEHR)

 
 

Desde 1979, con la caída del Shah Reza Palevi del trono del imperio persa, los norteamericanos perdieron de manera definitiva el control del tráfico petrolero en el Golfo y aún teniendo de respaldo a todos los gobiernos de la región, ese punto es el que más pesa en un Washington con una clara voracidad por controlar el negocio petrolero de una manera u otra.
Entonces aquí, por el lado norteamericano, nos encontramos con que cualquier acción militar tendrá, como principal objetivo, debilitar el poder político y militar iraní en la región, mantener la hegemonía y control del comercio en el Golfo Pérsico y, en tercer lugar pero usado como principal excusa, evitar el programa nuclear iraní que podría amenazar directamente a su principal aliado en Oriente Medio, Israel. Es claro que muy probablemente el gobierno norteamericano comience a buscar algún apoyo en contra de Irán, tal vez con sanciones que no impliquen ningún tipo de intervención armada, de manera de lograr apoyo internacional y desgastar a Teherán en sus aspectos políticos, diplomáticos y de fortaleza. Pero también deberá jugar una carta interna dentro de las fronteras norteamericanas, donde debe fortalecer un gobierno completamente desprestigiado por el pantano iraquí.

Por el lado iraní, éste busca la confrontación con el “Gran Satán”, el presidente  iraní utiliza una retórica agresiva y desafiante que le juega a favor, pero a su vez en contra. Sabe que está en posición de causar un gravísimo dolor de cabeza a USA en multitud de frentes en los que no podrá estar completamente atento, a la vez que podría recibir el apoyo de los sectores fundamentalistas más reaccionarios, incluyendo los países árabes. Sin embargo, también tiene como punto en contra que su democracia (teocrática, pero democracia al fin), requiere atender un frente interno últimamente conflictivo que intenta hacer valer sus reclamos.

Ambos países están en una situación compleja, y tal vez USA se encuentre en su peor momento en la región. Carente de credibilidad, con un frente interno bastante duro y sin posibilidades de materializar a la amenaza iraní como algo directo hacia su Nación, ya que los indicios de apoyo persa a la resistencia iraquí y demás siguen siendo vistos con mucho recelo, desgastado militarmente, el alivio estratégico de los acuerdos con Corea del Norte no subsana sus mayores inconvenientes: no tiene medios para afrontar un hipotético conflicto con Irán.

 
     
 

La dimensión militar iraní

 
 

Irán tiene un poderío militar relativamente moderno y preocupante, sin duda alguna, la suma de éstos y las particularidades de cada caso llevarán a elevar la preocupación de una planificación militar, a la vez que condicionaran el tipo de operación militar a ser llevada a cabo. Las particularidades socioculturales de las FFAA iraníes, así como su organización serán otro grave reto, al que se suma la postura política del país.

Cuando se habla de ataque preventivo contra Irán, muchas veces se habla de una operación de unas pocas horas que destruirá blancos preseleccionados de la infraestructura nuclear y de desarrollo balístico iraní, siendo normalmente comparado con el ataque israelí al reactor nuclear iraquí en 1981 (Operación “Foco”) o el ataque norteamericano contra Libia en 1986, como represalia por el minado del Canal de Suez.
Si se analizan ambas acciones y las partes involucradas veremos que, en 1981, Irak estaba inmerso en la parte más crítica de la guerra contra Irán y estaba muy condicionado de poder responder con contundencia hacia Israel, por lo que los israelíes se jugaron audazmente, una vez más, sabiendo que la respuesta iraquí sería nula o muy baja contra su territorio. En 1986 los norteamericanos se enfrentaron a una situación muy similar, el ataque contra los objetivos libios fue relativo, se destruyeron parte de las infraestructuras militares y más que nada sirvió de escarmiento para el régimen de Gadafi. En ambos casos, ninguno de los dos países pudo anticiparse al ataque preventivo, y en ambos casos ninguno tenía la capacidad de responder contra el agresor de manera efectiva, más allá de las bajas que pudiese haber causado en el transcurso de la acción.
El caso iraní es completamente diferente, no solo está ya en sobreaviso de un posible ataque “preventivo” norteamericano o israelí, sino que además tiene los medios para responder inmediatamente al mismo y tomar acciones de represalia que no tiene un antecedente que sirva de ejemplo. En este punto, Irán está posibilitado de devolver el golpe de manera justificada, ante su opinión pública interna, lo que con sus medios logrará grandes efectos propagandísticos.
El material convencional iraní es relativamente moderno y eficiente, incluye cazas MiG-29A/S “Fulcrum”, posiblemente modernizados al estándar SMT, y F-14A “Tomcat”, modernizados y que aún podrían servir como elementos válidos para la defensa aérea. Son complementados por poco más de un centenar de cazas F-4D/E “Phantom”, F-5E “Tiger”, Mirage F-1EQ (ex iraquíes), todos mantenidos sin apoyo de sus fabricantes originales, además de los más modernos Su-25K/T y Su-24M2, ambos modelos capaces de realizar misiones de ataque mucho más eficientes y que su reciente modernización supuso sanciones a la empresa rusa Sujoi.
En lo que supone las defensas antiaéreas, el escenario es realmente peligroso, los misiles de defensa aérea SA-5 y “Sayyed 1” (3) de gran alcance son la basa principal, siendo secundados por los modernísimos SA-15, recibidos recientemente y en proceso de entrega (4), que serían complementados por los “Shahab-Taqeb” (5), MIM-23 “I-Hawk” (6), SA-6 y Rapier, además los misiles portátiles “Misagh” (7) y los cañones bitubos ZU-23 de 23 mm  y Oerlikon GDF de 35 mm.
En el mar los principales inconvenientes estarán representados por tres submarinos convencionales de la clase “Kilo”, seis lanchas rápidas del tipo “Kaman” y “Sina 1” (8), diez lanchas rápidas tipo “Houndong” (OSA 2 producidas en Corea del Norte) y no menos de diez lanchas ligeras CAT-14, cuya velocidad de 55 nudos la transforma en una grave amenaza. Correctamente empleadas, estas unidades navales podrían crear un grave dolor de cabeza a las fuerzas de superficie norteamericanas, aunque es muy probable que sus objetivos sean de otro tipo. También alinea tres corbetas clase “Alvand” (9), así como cuatro obsoletas “Bayandor”, de origen británico. Recientemente se anunció que se iniciaría la construcción de un nuevo tipo de corbeta, tal vez se trate de la clase “Mowaj”, de las que se preveía la construcción de cuatro unidades.

 
 

También se dispone de un mínimo de tres mini submarinos “Gahir”, basados en el modelo norcoreano “Sang-O” y capaces de realizar infiltración de comandos o el fondeado de minas, seis submarinos para buzos tácticos “Sabehat 15” y seis lanchas rápidas semisumergibles de origen norcoreano, de las que se han identificado los modelos “Taedong 1” y “Taedong 2”, muy difíciles de detectar y muy veloces.
A este arsenal se suman más de 250 lanchas patrulleras de todos los tipos, conocidas como “Boghammar” (o Boghammer), comprenden desde lanchas de turismo hasta pequeñas embarcaciones pesqueras con motores fuera de borda, armadas con lanzacohetes de 107 mm, lanzagranadas, ametralladoras pesadas e incluso cañones de 23 mm, según el tipo. Su molesta presencia fue una constante durante la “Guerra de los Petroleros” en el largo conflicto Irán-Irak. Lo más preocupante resultó ser la aparición de embarcaciones torpederas de muy alta velocidad, dos modelos han sido puestos en servicio, la pequeña IPD-16, de unas 14 toneladas y armada con dos torpedos ligeros, y la IPS-18, de 23 toneladas y armada con cuatro torpedos, aunque con dos lanzadores. Si bien se considera obsoleto el ataque con torpederas, el simple hecho de que estas embarcaciones alcancen los 52 nudos (93.6 Km.) puede convertirlas en un serio problema para todo tipo de buques. También hay una versión lanzacohetes de la CAT-14 china, ya producida en Irán, y se desconoce si la versión lanzamisiles también es producida localmente.

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Un misil "Shahab 3B" en posición de disparo. Aunque en una foto preparada, la zona de lanzamiento entre cerros y quebradas ya muestra la complejidad a la que se enfrentaría un eventual atacante para destruirlo. La existencia de estos misiles, capaces de alcanzar Israel como mínimo, supone que un ataque de corta duración sin una campaña de búsqueda y destrucción de estos ingenios no serviría de nada, trayendo más complicaciones. (Foto: FARS)

 
 

Las fuerzas terrestres también son poderosas, aunque claramente no están mejor equipadas de lo que deberían. Sus fuerzas acorazadas descansan en unos 480 tanques T-72B y T-72S, de éste último modelo se recibieron 422 ejemplares antes de que Rusia no cumpliera con la parte del contrato que suponía el suministro de otros 878 ejemplares a ser montados en Irán. Asimismo, se alinean los sobrevivientes del material británico y norteamericano adquirido en la época del Shah, con unos 250 tanques “Chieftain”, modernizados al estándar “Mobaraz”, además de unos 100 M-60A1 y 150 M-47M. Asimismo, se modernizó una gran parte de los 690 T-55, Tipo 59 y Tipo 69 disponibles al nivel “Safir 86”, con dirección de tiro eslovena y cañón de 105 mm, entre otras mejoras de importancia. A estos hay que incluir unos 240 tanques “Zulfiqar 1” y “Zulfiqar 3” de producción local, dotados de cañones de 125 mm.
Los transportes de personal incluyen la variante local del BMP-1 soviético, llamada “Boragh”, de la que hay varias versiones, además de los transportes de personal BMP-2, ruso, M-113, BTR-60PB y otros modelos similares. También se disponen de 35 blindados brasileños EE-9 “Cascabel” y 80 tanques ligeros “Scorpion” británicos. El apoyo aéreo lo componen helicópteros de ataque AH-1J “Sea Cobra”, de los que un cierto número sobrevive de los 202 adquiridos por el Irán imperial, además de UH-1H, Bell 205, Bell 214, AB-204, AB-205, AB-206 y AB-212 utilitarios, los CH-47C “Chinook”, sobrevivientes de los 69 recibidos, así como modelos rusos Mi-171V, entre otros.
En el factor humano, el Ejército tiene un gran entrenamiento, alinea una considerable fuerza y dispone de comandantes muy capaces. Se les considera una tropa excepcional, muy bien motivada y entrenada, con equipo de producción local bastante eficiente. Su efectividad podría ser comparada a la del Real Ejército Árabe jordano, único ejército árabe digno de ser tenido en cuenta. Recientemente han recibido una amplia gama de misiles antitanques de todos los tipos, principalmente de producción nacional, que incluyen las copias de los HJ-73C chinos, del TOW y Dragon norteamericano, aunque no se ha corroborado la recepción de misiles “Konkurs” o “Metis” rusos de última generación.
Lo más problemático podría estar presentado con el Sepah Pasdarán, o Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica, compuesto por una fuerza altamente fanática y muy bien entrenada, dedicada a proteger a la Revolución Islámica independientemente de la estructura gubernamental de turno. Capacitados para realizar todo tipo de acciones, ya sea convencionales, no convencionales y terroristas (10), en este último caso actuando en cualquier punto del planeta gracias a la excelente estructura de inteligencia y apoyo internacional de la que disponen los Servicios de Inteligencia iraníes.

El arsenal estratégico iraní es el que ha de preocupar a los norteamericanos de sobremanera, ya que la existencia de misiles balísticos de alcance medio (IRBM) “Shahab 3” en diversas variantes le permitirán a Teherán atacar con ojivas químicas o bacteriológicas objetivos tan alejados como Israel u otros países del Golfo que apoyen las acciones norteamericanas en la región, variando, según su versión, entre los 1.300 y 2.000 Km. de alcance. El arsenal misilístico iraní incluye cohetes balísticos del tipo “Scud B/C” de hasta 500 Km. de alcance, así como otros de menor rango de acción, ya probados en el Líbano durante el conflicto con Israel en 2006, de cuyo análisis podría desprenderse que sirvió de laboratorio para el Pasdarán para sus acciones asimétricas.
No solo eso, la existencia de misiles antibuque de lanzamiento costero, como el CSS-8 (versión superficie-superficie del “Sayeed 1”), el HY-2 “Silkworm” (versión china del veteranísimo SS-N-2 soviético), o los C-801 y C-802, más sus derivados locales, podrían poner en grave peligro el tránsito del 40% del crudo mundial que ha de cruzar por zonas bajo control iraní.

 
     
 

La problemática de un ataque a Irán, a todo o nada

 
 

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Submarino clase "Kilo" iraní, con sus más de 3.000 toneladas de desplazamiento, 20 nudos de velocidad y 14 torpedos son enemigos formidables para cualquier buque de superficie y un gravísimo peligro para la navegación comercial en la zona del Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Esta imagen fue tomada en ejercicios recientes realizados en el Estrecho de Ormuz. (Foto: MERH)

En mi opinión, un ataque a Irán es el último recurso al que puede apelar Washington para lograr una determinada hegemonía en la región. Debido a que un ataque quirúrgico de corta duración provocaría tantas consecuencias problemáticas a nivel mundial, desde la escalada del precio del crudo por encima de los U$D 90,  hasta un auge del terrorismo de manera que no tiene precedentes, si se opta por este ataque, sea con respaldo internacional o no, se debe estar dispuesto a jugarse todas las cartas posibles.
Y es que la crisis que se desatará no será de corta duración, el supuesto “ataque preventivo” no logrará prevenir nada, más allá de retrasar el programa nuclear iraní por unos cinco o diez años, y las consecuencias implícitas en esta acción supondrán una operación militar a gran escala donde los norteamericanos se verán implicados por años en la zona, aún sin invadir territorio continental iraní, como algunos analistas internacionales suponían que podría ocurrir.
USA no tiene el poderío militar suficiente para poder permitirse la invasión del territorio iraní, asumiendo que esta vez la defensa sería mantenida por más de un millón de soldados fanáticamente motivados, con tácticas especialmente desarrolladas para contener una invasión norteamericana (11). No tiene la capacidad logística y material de realizar la invasión y proceder a mantener la posterior ocupación de cualquier territorio iraní, que por razones sociales y culturales no permitirá someterse ante la ocupación del “Gran Satán” y donde no hay nada que “liberar”.

 
 

Entonces, lo que veremos sería una clara operación de desgaste, donde USA tendría que jugarse la posibilidad de que su Poder Aéreo sea suficiente para destruir las capacidades e infraestructuras industriales y poderío militar iraní, afectando su economía lo suficiente como para debilitar el poder político iraní y generando un retroceso material en sus capacidades de liderazgo en la región. También, debería iniciar las acciones pertinentes que le brinden la absoluta capacidad de controlar el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz para evitar que el tráfico del petróleo quede sujeto a las represalias iraníes, tal y como ocurrió durante el conflicto Irán-Irak entre 1980-1988, donde las diversas acciones que allí ocurrieron motivaron una merma del 25% de la exportación de petróleo en una región que produce el 40% del crudo que consume el resto del mundo.

Es decir, si USA va a cometer el gravísimo error de involucrarse en un conflicto con Irán, algo que no podemos descartar ante la estupidez crónica de la política exterior norteamericana de los últimos años, no le quedará más remedio que aplastar el poderío militar iraní en todos sus aspectos, además de generar las condiciones propicias para que el malestar interno de la sociedad iraní, preocupada por la fragilidad de su economía y algunas faltas de libertades, logre presionar lo suficiente al gobierno teocrático como para generar un cambio en los lineamientos políticos, trayendo al grupo de conservadores o moderados al poder, que si bien no son menos belicosos hacia Washington, al menos son un poco menos peligrosos, algo que muchos analistas pensaban que era la solución de una salida negociada, allá por 2005 (12).

El jugarse el todo por el todo, aunque sin llegar a una guerra abierta que suponga una invasión total del territorio iraní, podría tratarse de una Campaña Aérea de larga duración, acompañada con acciones anfibias y aeronavales de baja intensidad. La primera con el objeto de destruir el potencial nuclear y balístico iraní, además de sus capacidades militares actuales, mientras que la segunda con el claro objeto de servir como herramienta de obtención del control del Estrecho de Ormuz y proteger el tránsito naval por la región para evitar que las represalias iraníes sean un mal mayor.

 
     
 

La Campaña Aérea de larga duración

 
  En este caso, hablo de una campaña aérea de larga duración para distinguirla de la otra opción, el “Ataque Quirúrgico o Preventivo”, cuya duración y efectos son en extremo limitados. Aquí hablamos de una operación a gran escala que busque destruir los objetivos políticos que llevaron a la crisis, es decir, el programa nuclear iraní y su capacidad de producir misiles balísticos que sirvan de vectores nucleares, además de destruir las fuerzas militares iraníes disponibles inmediatamente para la acción, incluyendo el arsenal convencional y balístico.
En este punto tendremos que analizar la situación de diversas maneras, primero, la cantidad y tipos de blancos seleccionados para ser destruidos, segundo la prioridad de los mismos dentro del contexto operativo, que será completamente radical al contexto político. De esta manera podremos interpretar que si bien se busca destruir el potencial balístico estratégico y el programa nuclear iraní, son los que menos dolores de cabeza traerían a USA a la hora de lanzar dicha campaña.

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Una corbeta "Alvand", herencia imperial, dispara un misil "Noor", la copia local del C-802 chino, durante uno de los continuos ejercicios en el Estrecho de Ormuz. Si son empleados de mejor manera que durante el enfrentamiento contra la US Navy en 1988, es problabe que tengan una acción destacada, sin embargo, buques de este tamaño y prestaciones resultarán relativamente fáciles de destruir para los norteamericanos. (Foto: MEHR)

 
  Estos blancos también tendrían un objetivo político inmediato y a largo plazo, inicialmente serían una herramienta que facilitaría reducir las opciones militares iraníes en lo inmediato, la segunda sería dejar a Irán con un grave déficit militar que retrase cualquier tipo de hegemonía o preponderancia regional escudándose en la disuasión de su poder militar.  
     
   
     
 

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