Crisis Irán
Por: Felipe Fajardo Sokol, Luis Finschi y Marcelo Rivera  
 

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Un F-14A "Tomcat" iraní con su nuevo esquema de pintura. Fueron operados por el Irán islámico durante más de 27 años sin ningún tipo de apoyo norteamericano oficial y supuestamente han recibido modernizaciones chinas y rusas. Son uno de los principales elementos de defensa aérea de Irán, aunque no habría que darle un papel tan peligroso como el que asignan algunos analistas que lo suponen la más grave amenaza aérea. (Foto: Archivos Dintel GID)

La escalada diplomática que mantiene tensionada las ya mínimas relaciones entre Estados Unidos e Irán, a causa del programa nuclear que lleva adelante este último país, ha marcado la atención de los especialistas a nivel mundial en el último tiempo, que ya sugieren el posible desencadenamiento de una intervención militar de Washington en la zona.

Lo que a simple vista parece ser una medición de fuerza y demostración de poder entre la única superpotencia mundial y una emergente potencia regional, que lucha por el reconocimiento de sus vecinos como líder de la zona, podría transformarse en un nuevo conflicto bélico en el mediano o largo plazo que amenaza con afectar seriamente la seguridad y economía globales.

 
 

Las relaciones entre Washington y Teherán son mínimas desde casi 30 años, luego de la caída del Shah en 1979, y su reemplazo por el ayatolá Jomeini, líder de la oposición fundamentalista, quien regresó de su exilio para fundar la República Islámica de Irán. Desde ese momento, Estados Unidos e Israel, se convirtieron en los Estados infieles y principales enemigos del clero iraní, más cuando Washington apoyó indirectamente a Irak durante la Guerra del Golfo que enfrentó a este país con Irán (1980-1988).

En enero de 2002, luego del 11S, las relaciones entre ambos países empeoraron al ser declarado por parte de la administración Bush como parte del “Eje del mal”junto a Irak y Corea del Norte. Al año siguiente, opositores iraníes exiliados reconocen que su país ha estado construyendo centrales nucleares sin dar aviso a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), lo que significa la violación del Tratado de No Proliferación Nuclear, del cual Irán es parte. Consiente de la gravedad del asunto, Teherán comienza las gestiones diplomáticas con Reino Unido, Francia y Alemania para frenar el intento norteamericano de llevar el caso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cosa que logra por el momento.
En febrero de 2003, Mohamed Jatami, entonces presidente iraní, anuncia que su país ha comenzado el proceso de enriquecimiento de uranio en lo que parece ser un desafió a Estados Unidos e Israel. Más tarde, en octubre del mismo año, Jatami da un paso atrás y acepta firmar el protocolo adicional del Tratado de no Proliferación Nuclear, que permite a inspectores de la OIEA realizar inspecciones sorpresa a diversas instalaciones nucleares. En noviembre de 2003, el gobierno anuncia la suspensión de su programa de enriquecimiento de uranio, a la vez que inspectores del organismo atómico de Naciones Unidas declaran no haber encontrado indicios de un programa de armas.
            Durante febrero de 2004, en Bruselas, los negociadores iraníes se comprometen ante los países europeos a suspender la producción y armado de centrifugas. Cuatro meses más tarde Irán se retractaría luego de que la OIEA lo condena  por “sus intentos de esconder información referente a su proyecto nuclear”. En el mismo mes, los conservadores toman el control del parlamento iraní luego de unas polémicas elecciones en que son proscriptos varios candidatos reformistas por parte del Consejo de Guardianes de la Revolución.
            En noviembre de 2004, Irán y la Unión Europea acuerdan la suspensión del programa de enriquecimiento de Uranio, a cambio de ayuda energética. En Junio de 2005, el ex alcalde de Teherán y ultra conservador, Mahmoud Ahmadinejad, gana las elecciones presidenciales reiniciando el programa nuclear en agosto del mismo año.
            La decisión le costaría cara a Ahmadinejad, puesto que la OIEA eleva el caso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por enriquecimiento de uranio en la planta de Natanz y concede plazo para terminar con dicho proceso hasta agosto de 2006, sin que Irán haya renunciado a su plan. Durante diciembre del año pasado, el Consejo decidió aplicar un embargo comercial y tecnológico nuclear a Irán, para evitar que este país pueda continuar con su programa.

 
 

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Dos de los aviones de ataque Su-24MK "Fencer D" en servicio con la IRIAF, con un gran alcance y una adecuada carga de armas, son impresionantes vectores de ataque estratégico y le dan una gran pegada a los iraníes. Capaces de utilizar misiles antibuques, podrían ser un peligro en el Golfo de Omán y el Mar Arábigo, incluso adentrándose en el Océano Índico. (Foto: MEHR)

Precisamente, la falta de diplomacia del Gobierno de Teherán ha sido el principal escollo en su política exterior, ganándose como enemigos a Israel y Estados, así como ha perdido el apoyo de varias potencias que no confían en el gobierno ultraconservador de Ahmadinejad, extremadamente diferente a la administración del moderado Mohamed Jatami bajo cuyo mandato se iniciaron las negociaciones para frenar su programa nuclear.  
            La extrema personalidad de Ahmadinejad, le llevó a organizar una Conferencia sobre el Holocausto en que los expertos invitados negaron la veracidad del hecho histórico. Asimismo, es conocido el apoyo financiero y político entregado por Irán a Hezbollah en Líbano y a Hamas en Palestina. Pero el líder ultraconservador también se sabe hacer notar por su cuenta. En abril de 2006, durante la Conferencia en defensa de al-Quds (Jerusalén), Ahmadinejad acusó a Israel de “Permanente amenaza” y agregó que ese país “está en vías de desaparición” y que “Palestina será pronto liberada”, de paso aprovechó de negar nuevamente la existencia del Holocausto judío.

 
 

Como era de prever estas declaraciones y el financiamiento iraní a grupos terroristas de Líbano y Palestina, hacen temer que Israel pueda realizar un ataque preventivo en contra de Irán, con las nefastas consecuencias que ello traería para la economía y diplomacia mundial. Un ataque judío a instalaciones iraníes echaría por tierra todo el proceso de paz alcanzado en los últimos 25 años. Por ello, la presión sobre Estados Unidos debe ser tremenda.     
            Sin embargo, Estados Unidos sabe que una acción en contra de Irán debe contar ahora con apoyo internacional, principalmente debido a dos razones: Irán es una democracia (con características teocráticas) y debido a que no se ha comprobado un programa nuclear armamentístico. La primera razón tiene que ver en que en los últimos años, Washington ha fundamentado, en parte, su intervención militar en Irak, Afganistán y Kosovo en la falta de un gobierno democrático, lo que le ha servido para validar su accionar en la política interna. En este caso dicha característica no existe, aunque haya dudas más que razonables para pensar que la democracia iraní es tan débil como un castillo de naipes. La segunda causa tiene que ver con que si bien se ha comprobado y reconocido abiertamente la existencia de un programa de enriquecimiento de uranio por parte de Irán, no se ha podido comprobar que dicho proceso sea superior al 5%, el necesario para crear combustible nuclear. Más aún, Irán como parte del Tratado de No Proliferación Nuclear y debido a sus violaciones “menores” del tratado, sólo se expone en el corto plazo a embargos en tecnología nuclear, tal como hemos visto hasta ahora, y a otras resoluciones no coercitivas por parte del Consejo de Seguridad.
            En este sentido, el margen de maniobra política de la administración Bush está bastante limitada, debido a los magros resultados de la guerra de Irak y su alto costo económico, la mayoría demócrata en el Congreso y la proximidad de elecciones presidenciales para el próximo año. Todo ello impide el accionar de un ataque preventivo americano en el corto plazo, más si China y Rusia se han opuesto reiteradamente en el Consejo de Seguridad ha una resolución más drástica en contra del gobierno de Ahmadinejad.
            Por ello, todo apunta a que el objetivo político norteamericano, en estos momentos, es neutralizar la creciente influencia iraní en la zona mediante la inclusión de otros actores regionales que asuman el liderazgo por el cual lucha Teherán. Así lo ha demostrado Arabia Saudita. La Monarquía petrolera de ese país logró en La Meca, al parecer, terminar por el momento con las luchas internas entre las diferentes facciones palestinas en el poder, un logro que no ha pasado desapercibido para el mundo árabe.

 
 

A esto se suma la campaña mediática y diplomática para desacreditar al régimen islámico ante la opinión internacional, tarea a la que ha ayudado mucho el propio presidente iraní. En ese sentido, el programa nuclear iraní parece ser la excusa perfecta para desprestigiar al Gobierno de ese país, cosa que así ha entendido Washington que se ha esmerado por propiciar una resolución condenatoria por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, y de paso incrustar el recelo y el miedo a la amenaza nuclear en el resto de las naciones de la zona, motivando la reacción de ellas y el aislamiento de Teherán.
Por ello, se ve más probable la aplicación de sanciones económicas y militares no coercitivas por parte de la ONU (Para hacer unánime la resolución incluyendo a Rusia y China), con lo cual sería posible debilitar a mediano y largo plazo la actual postura de Irán. Esto, siempre y cuando Irán no acceda a seguir negociando con Europa un eventual termino de su programa nuclear.
Se ve distante, entonces, un enfrentamiento militar propiamente tal sin el consentimiento internacional, debido a que Irán es el cuarto mayor productor de petróleo del mundo y elevaría la tensión en una zona que produce el 30% del oro negro anualmente consumido en el mundo. Junto con ello, debilitaría aún más la postura de Estados Unidos en la zona y la de sus aliados en el área como Jordania, Arabia Saudita, Pakistán y Turquía.

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El ultraconservador Ahmadinejad ganó las elecciones en junio de 2005. Desde entonces, Irán ha ocupado un especio importante en la agenda internacional de las principales potencias del orbe (Foto: Reuter)

 
 

Asimismo, el radicalismo, exacerbado con la guerra de Irak, podría llegar a límites insospechados ante un eventual ataque americano a instalaciones nucleares, militares y gubernamentales de Irán.
            Sin embargo, qué pasaría, especulativamente, si Irán continuara su programa nuclear, negando el paso a los inspectores de la OIEA, y decidiera renunciar al Tratado de No Proliferación Nuclear tal como lo hizo Corea del Norte en 2003. Probablemente, estarían dadas las condiciones básicas para que Estados Unidos consiguiera el apoyo internacional esperado en el Consejo de Seguridad y lograr imponer una resolución coercitiva en contra de Teherán.
            Los siguientes capítulos buscan explicar someramente cuáles serían las principales características de este conflicto y cómo podría ser la acción militar norteamericana basados en los antecedentes inmediatos del empleo del poder bélico dentro de los nuevos esquemas geopolíticos.

 
     
 

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