Chile y Argentina pondrán a disposición de las Naciones Unidas, en marzo próximo, el contingente de la Brigada de Paz "Cruz del Sur", una iniciativa inédita e inimaginable hace tres décadas en las relaciones bilaterales, que marca un salto cualitativo de la etapa de medidas de confianza mutua al de la integración y la cooperación entre las fuerzas armadas de los dos países.
Significará también un hito histórico porque en diciembre próximo se cumplen 30 años desde que ambas naciones estuvieron a un paso de ir a la guerra por la soberanía sobre tres islotes del Canal de Beagle, en el extremo austral del continente, conflicto superado gracias a una diplomacia profesional y a la mediación del Papa Juan Pablo II.
Los orígenes de esta complementación militar clavan sus raíces en el espectacular nivel de confianza recíproco que nuestros países alcanzaron en la década del 90.
Fruto de una política exterior, creativa y audaz, Argentina y Chile avanzaron en ese periodo a niveles de integración política, económica y cultural impensados unos pocos años antes, cuando las hipótesis de conflicto dominaban los análisis en los Estados Mayores de las respectivas fuerzas armadas.
Este salto cualitativo tuvo su punto de partida en 1990 cuando Argentina y Chile lograron una coincidencia fundamental reflejada en la plena vigencia de los valores democráticos, políticas económicas similares y el respeto a los derechos humanos. Era el paso indispensable que se necesitaba para que cobrara plena vigencia el Tratado de Paz y Amistad de 1984, que creó la comisión binacional y convino un mecanismo de solución pacífica de las controversias.
En 1991 los Presidentes Aylwin y Menem solucionaron 22 de los 24 temas limítrofes que se encontraban pendientes. Los dos restantes –Laguna del Desierto y Campos de Hielo- se zanjaron mediante un arbitraje, en el caso del primero, y un acuerdo bilateral para el segundo.
Ese mismo año se firmó el acuerdo de Complementación Económica, instrumento que permitió incrementar notablemente la agenda argentino-chilena a partir de 1994, enfocada principalmente en tres áreas: integración física, inversiones chilenas en Argentina e interconexión energética, todas ellas con importantes connotaciones políticas, económicas y en el ámbito de la seguridad y la defensa.
La Brigada Cruz del Sur, contempla una fuerza, en una primera etapa de 1.000 hombres. Cada país aporta 500 tropas (Foto: EMDN Chile)
Es en este periodo –mediados de la década de los 90- donde se entronca el componente militar de la relación. La política internacional asume que los procesos de integración entre dos países o grupos de ellos deben ser de carácter integral, lo que no necesariamente significa que sus distintos componentes van unidos en una sola vía, y tampoco excluyentes unas de otras. Argentina fue el primero, a principio de la década de los 90, en dejar atrás la concepción clásica de la seguridad para acercarse a una visión más cooperativa, descartando o minimizando las hipótesis de conflicto.
A partir de 1995, luego de constituirse las reuniones de los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas de ambas naciones, se avanzó resueltamente a la integración en el campo de la Defensa, pilar fundamental de una alianza estratégica entre Chile y Argentina.
Entre los pasos dados hay que destacar la creación del Comité de Seguridad Permanente argentino-chileno (COMPERSEG), el mecanismo del 2+2 (reuniones de consulta anuales entre los Ministros de Relaciones Exteriores y Defensa) y el mecanismo de interconsulta entre el Estado Mayor de la Defensa Nacional y el Estado Mayor Conjunto de Argentina.
Sobre ese telón de fondo se firmó el Acuerdo de Campos de Hielo en 1998 y luego el Tratado de Complementación e Integración Minera. Permitió, a la vez, superar en instancias políticas el problema del abastecimiento de gas natural argentino a Chile, al promediar el 2004.
Esta voluntad política de avanzar en la integración militar tuvo un salto cualitativo a fines de 2005, cuando los gobiernos de Chile y Argentina, a través de los respectivos Ministerios de Defensa, suscribieron un Protocolo de Entendimiento que dio origen a una Comisión de Trabajo para crear en un corto plazo la Fuerza de Paz Combinada Binacional “Cruz del Sur”.
Con agenda abierta y franca, el progreso ha sido de tal magnitud e importancia que en pocos años el listado de medidas de confianza mutua, elaborado por las fuerzas armadas de ambas naciones, se ha convertido en un paradigma para la región.
Del máximo secreto recíproco e hipótesis de conflicto se pasó a la reparación de buques de guerra argentinos en astilleros chilenos; del casi nulo intercambio entre miembros de las fuerzas armadas a la participación de contingentes militares chilenos en las misiones de paz argentinas en el ámbito de la ONU y a ejercicios militares combinados.
En diciembre se cumplirán 30 años del fin del conflicto del canal de Beagle. Fecha simbólica para que las Presidentas Michelle Bachelet y Cristina Fernández reediten el “Abrazo del Estrecho” que sus antepasados Julio Roca y Federico Errázuriz se dieron el 15 de febrero de 1899. Cita que se repitió para su centenario con el encuentro de los Presidentes Frei y Menem. Chile y Argentina le están diciendo al mundo que están creando una verdadera cultura de paz y de concordia, siguiendo la exhortación que les hizo el Papa Juan Pablo II en su visita a Punta Arenas en 1987.
Unidades chilenas y argentinas, han aprovechado las misiones de paz de Chipre y Haití para entrenarse juntas. (Foto: EMDN Chile)