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Operación Cañón El Dorado: La Primera Operación Antiterrorista |
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Operación Fuego en la Pradera (“Prairie Fire”) |
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Durante Prairie Fire, los aviones norteamericanos, provenienentes de los portaviones USS Saratoga, USS Coral Sea y USS América, destruyeron varias instalaciones de misiles antiaéreos y varias embarcaciones resultaron dañadas, entre ellas, esta corbeta de la clase “Nanuchka II”. (foto: archivos dintel) |
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Con la comprobada participación Libia en los atentados en los aeropuertos de Roma y Viena, y la realización de las maniobras “Mayor Libertad de Navegación” por parte de la Sexta Flota, la tensión nuevamente comenzó a concentrarse en las relaciones entre Estados Unidos y Libia
Para ello se ordenó el despliegue de los portaviones CV-60 “Saratoga”, como buque insignia, el CV-43 “Coral Sea” y el CV-66 “América”, todos de propulsión convencional. Sin embargo, esta última nave sólo pudo llegar a la zona para marzo de 1986 acompañada del crucero BB-62 “Iowa”. Para esa fecha ya se habían producido cerca de 130 intercepciones aéreas sobre el Golfo de Sidra, sin que se repitieran los incidentes de cinco años antes. |
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No obstante, el 26 de marzo una pareja de F-14 que realizaban vuelos de patrullaje sobre la zona, fueron atacados sucesivamente con seis misiles SA-5 y varios SA-2 desde la costa libia. El primero de ellos fue lanzado cerca de las 14.00hrs locales, lo que determinó una dura respuesta de la Sexta Flota, que en todo caso, ya venía siendo planeada desde el otoño anterior. Cerca de las 19.00hrs, el Vicealmirante Frank B. Kelso, comandante de la VI Flota, ordena el despegue de dos A-6E “Intruder” del VA-34, son catapultados desde su portaviones armados con misiles antibuque AGM-84 “Harpoon” y bombas de racimo Mk.20 “Rockeye”; los cuales encontrando en su trayecto a una lancha misilera del tipo “Combattante II”, a la cual hundieron con uno de los misiles y un par de bombas de racimo.
Junto a los A-6E con Harpoon y bombas de racimo, fueron despachados varios A-7E “Corsair II” armados con misiles antirradar AGM-45 “Shrike”, y al menos dos aviones de guerra electrónica EA-6B “Prowler”, todos protegidos por patrullas CAP de F-14 “Tomcat”. Cerca de las 20.00 hrs., un grupo de cazas F-18 y F-14, se acercó a mediana altura y a gran velocidad a la zona de lanzamiento de los SA-5, siendo acompañados por varios A-7E armados con misiles antirradar. El grupo principal conformado por los F-18 y F-14, activó los radares del sistema SA-5, momento en que intervinieron los A-7E lanzando sus misiles sobre el sistema antiaéreo de origen soviético.
En tanto, en el mar cerca de las 22.00hrs., la corbeta “Ean Zaquit” (419), de la clase “Nanuchka II” soviética, y la misilera de la clase “Combattante II”, “Waheed” (526), fueron detectadas aproximándose al crucero CG-49 “Yorktown”, por lo que fueron despachados otros dos A-6E armados con Harpoon y bombas de racimo, que inutilizaron a la corbeta libia con un AGM-84; aunque finalmente ésta se salvaría de ser hundida al acercarse a un petrolero civil que se encontraba en las cercanías. En tanto, la misilera fue alcanzada por otro Harpoon lanzado desde el Yorktown siendo hundida rápidamente.
Durante la medianoche, varios lanzamientos de misiles antiaéreos se sucedieron desde baterías SA-5 y SA-2, disparados desde el Golfo de Sidra y Bengasi. En respuesta, varios A-7E atacaron con misiles antirradiación los sistemas antiaéreos, destruyendo varios radares; entre ellos a tres “Squaire Pairs” que sirven de guía al entonces sofisticado SA-5.
A la mañana siguiente, cerca de las 07.30hrs., continuarían los ataques norteamericanos, cuando una segunda corbeta de la clase “Nanuchka II”, la “Ean Eara” (416), fue atacada por una pareja de A-6E armados con bombas de racimo, quedando inmovilizada para luego ser hundida por un Harpoon lanzado por otro “Intruder”. Una hora más tarde se daría por finalizada la operación “Fuego en la Pradera”, con una corbeta gravemente dañada, otra hundida, y dos misileras clase “Combattante II” perdidas por parte de Libia, a los cuales se suman varios lanzadores y su radares de adquisición de baterías SA-5 y SA-2. Por su parte, Estados Unidos no sufrió ninguna pérdida. Sin embargo, Gaddafi no aceptaría fácilmente esta humillante derrota, y muy pronto tomaría venganza. |
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La venganza de Gaddafi y el complejo juego de espionaje |
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Después de la operación “Fuego en la Pradera” los norteamericanos estaban concientes de que Libia iba a tomar represalias no convencionales. De esta manera, la NSA puso especial atención en la vigilancia sobre las acciones de Trípoli, lo cual dio sus primeros frutos cuando se interceptó un cable cifrado de los servicios de inteligencia libios a todas las embajadas de ese país en dónde se ordenaba el ataque a objetivos norteamericanos “ocasionando la máxima cantidad de bajas”. La interceptación del mensaje se logró el 25 de marzo, pero fue recién el 4 de abril cuando la NSA logró profundizar más sobre las intenciones de los libios, cuando el tráfico de señales entre la embajada de Libia en Berlín Oriental y Trípoli dejó saber que “el plan iba a ejecutarse pronto”. Estos hechos fueron paralelos al aumento de la tensión militar en el Golfo de Sidra el día 26 de marzo.
De inmediato, Washington reaccionó ordenando la cancelación de todos los permisos de los soldados norteamericanos en Berlín, a la vez que se ordenaba a la Policía Militar que procediera a evacuar a los que no habían logrado ser alertados. Pero no hubo tiempo, dos agentes libios y dos terroristas alemanes, incluyendo una mujer, pusieron una bomba en la discoteca “La Belle” de Berlín; donde miles de norteamericanos solían concurrir. El saldo del ataque terrorista fue la muerte de un soldado norteamericano y una mujer turca, además de 229 heridos, entre ellos, 78 militares norteamericanos. Poco después del ataque, el MI6 británico interceptó un mensaje enviado desde Berlín Oriental hacia Trípoli dando cuenta del éxito del ataque, mientras que la NSA interceptaba otro en donde Libia se felicitaba por el resultado de la misma. El día 6 de abril se produjo otro hecho alarmante, un mensaje interceptado por la NSA daba cuenta que Libia estaba alentando a continuar con la serie de ataques terroristas contra los intereses de USA en todo el mundo. Los análisis de inteligencia de este y otros mensajes interceptados lograron determinar que diez de esos ataques se producirían contra objetivos netamente militares. Ante esta situación, la NSA presenta la situación al presidente Reagan; dando pie, entonces, a la planificación de una nueva operación punitiva contra Libia. |
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La reacción norteamericana a los ataques |
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El 7 de abril, el presidente Reagan autorizó a la Junta de Jefes de Estado Mayor a planificar una operación militar para destruir gran parte de la infraestructura terrorista que Gaddafi había formado en Libia. El objetivo del ataque era vengar el atentado en Berlín, impedir futuras acciones terroristas y obligar al líder libio a cambiar su política exterior y su postura de apoyo a los grupos terroristas.
Los norteamericanos habían iniciado una serie de preparativos para un ataque contra Libia desde hacía muchos meses, sin embargo, la diplomacia norteamericana no había recibido el apoyo esperado por parte de los países europeos, cuyos intereses económicos con esa nación árabe eran muy fuertes. La planificación de las acciones había permitido la reacción que desencadenó la operación “Fuego en la Pradera” y era un hecho que la presencia de los Grupos de Batalla norteamericanos y los vuelos de inteligencia electrónica en el Mediterráneo estaban orientados a facilitar el lanzamiento de dicha acción de gran envergadura. |
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Cazas navales A-6E se encargaron de llevar gran parte de las operaciones antisuperficie realizadas por la Marina norteamericana durante Prairie Fire, inutilizando o hundiendo al menos dos corbetas y dos misileras libias. (foto: Archivos Dintel) |
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El general Bernard Rogers, comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Europa, designó al vicealmirante Frank. B. Kelso como el oficial encargado de “coordinar los esfuerzos detallados de planificación conjunta y de armonización, de integrar otros medios de comando y llevar a cabo las operaciones”; cuyo nombre clave, en caso de ser autorizadas, sería la de “El Dorado Canyon” (“Cañón El Dorado”). Sin embargo las cosas no marchaban bien, después de la operación “Fuego en la Pradera” y el ataque terrorista en Berlín, la prensa internacional comenzó a hablar de una represalia a gran escala contra Libia, de hecho el publicitado cruce del Canal de Suez por parte del portaaviones CVN-65 “Enterprise” en esos días, primer buque de propulsión nuclear en cruzarlo, permitió que las sospechas de la opinión pública norteamericana y europea estuviesen muy bien fundamentadas. El 11 de abril los informes de Washington desaconsejaban la realización de la operación al haberse perdido el elemento sorpresa para un ataque.
Por otro lado, era necesario incrementar la actividad diplomática en busca del apoyo europeo para una operación. Poco se había logrado, aunque la Unión Europea logró iniciar una serie de medidas de presión contra Libia, aunque sin grandes resultados evidentes. De inmediato, el 12 de abril, el embajador norteamericano en la ONU, Vernon Walters, inició una gira relámpago en Europa para lograr un mayor respaldo europeo en contra de Gaddafi. Sin embargo las visitas a las distintas capitales europeas dejaron un sabor algo amargo Alemania no estaba de acuerdo con hacer caer toda la responsabilidad del terrorismo internacional a Libia; por su lado Francia, España e Italia también dieron rodeos a la hora de endurecer su postura.
La reunión en Gran Bretaña fue más alentadora, la primera ministra Margaret Thatcher ya había mostrado su interés en apoyar a los norteamericanos, toda vez que su gobierno dispuso de una mayor cantidad de información sobre el atentado en Berlín. De hecho, si bien la NSA había sido la principal responsable del monitoreo del tráfico de señales entre Trípoli y sus embajadas, fue la Oficina General de Comunicaciones del gobierno británico quién consiguió suficientes evidencias incriminatorias sobre el atentado de la discoteca “La Belle”. Con esta información y las anteriores solicitudes de apoyo realizada por los norteamericanos, incluso cuando la operación “Fuego en la Pradera”, Thatcher ahora tenía una visión mucho más completa de los acontecimientos y la reunión con Walters fue más provechosa.
El gobierno británico entendió que las bases norteamericanas en Gran Bretaña podrían ser blancos potenciales de los futuros atentados libios, por lo que, amparándose en el Artículo 51 de la Carta de la ONU, apeló a su derecho a defenderse contra ataques potenciales contra su territorio. Paralelamente autorizaba a Washington a emplear dichas bases aéreas para la operación y accedía a que un pequeño elemento británico participara de las operaciones, asumiendo que dichos elementos podrían tratarse los servicios de inteligencia. Una condición específica de la primera ministra fue el hecho de que los objetivos a atacarse deberían ser netamente relacionados con el terrorismo libio y que no se pondría en serio riesgo la vida de la población civil. Esta condición pesó aún más en la planificación de la operación, que si bien contemplaba el ataque quirúrgico, ahora debía minimizarse al máximo la posibilidad de daños colaterales.
Si bien la autorización oficial británica se autorizó el día 12 de abril, es más que claro que fue una mera formalidad; teniendo en cuenta que los norteamericanos comenzaron los movimientos militares el día 9 de noviembre, amén de que los cazas F-111F basados en Gran Bretaña habían sido previstos para ser utilizados contra Libia previo a la operación “Fuego en la Pradera”. Los movimientos militares fueron tan intensos que la prensa no quedó ajena a ellos, a lo cual los gobiernos de la CEE, reunidos en Bruselas, decidieron hacer un intento de evitar la acción militar norteamericana; aprobando una serie de sanciones contra Libia entre el 13 y 14 de abril. Pero fue demasiado tarde y demasiado poco, incluso es discutible que la Casa Blanca hubiese dado marcha atrás en sus planes de ataque si la postura europea fuese más dura; de hecho los aviones estuvieron en vuelo muy pocas horas después. |
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La operación “Cañón El Dorado” (“El Dorado Canyon”) en marcha |
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Para entonces el A-7E armado con misiles antiradar, se convirtió en uno de los principales aparatos de la US Navy, que lo utilizó como punta de lanza en los ataques a Benghazi. (foto: Archivos Dintel)
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Para la operación “Cañón El Dorado”, los planificadores norteamericanos se toparon con una importante serie de obstáculos. Sin embargo, la parte más compleja venía dada por la selección de los objetivos que se incluirían en la lista del ataque y la forma en que estos serían empeñados por las fuerzas norteamericanas.
La premisa de Washington de que los ataques se concentrarían sobre objetivos puramente militares y asociados al terrorismo supuso pensar hasta el último detalle para evitar sufrir bajas propias, pero a eso se sumó el hecho de que el poco apoyo de la comunidad internacional no vería con buenos ojos un ataque contra Libia; lo que junto con la condición británica de atacar blancos solamente terroristas, hizo que la elaboración de la lista de blancos fuese un verdadero quebradero de cabezas. |
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La orden del ataque debía ejecutarse en el menor plazo posible, aún cuando el 11 de abril se desaconsejó el ataque al haber perdido la sorpresa táctica. Ante esta situación los choques en el gabinete presidencial de Reagan se hicieron frecuentes, el secretario de Defensa, Gaspar Weinberger, y el director de la CIA, William Casey, se enfrentaron en varias oportunidades. Casey pedía que el ataque se aplazara para poder alejar a los agentes de inteligencia libios y evitar que se filtrara información con respecto a la misión. Weinberger, por su parte, buscaba que el ataque se hiciera de forma casi inmediata para evitar que Gaddafi organizara mejor sus defensas ante la amenaza norteamericana.
Tras el análisis de decenas de objetivos se fueron descartando muchos blancos de particular importancia para el Pentágono, tales como la oficina del terrorista palestino Abu Nidal, responsable de los atentados de Roma y Viena, además de los cuarteles de los servicios de inteligencia libios, ya que estos estaban dentro de zonas urbanas y en las cercanías de varias embajadas. Por si esto fuera poco, los gobiernos español y francés se negaron a apoyar cualquier acción militar en contra de Libia y cerraron el espacio aéreo a cualquier avión norteamericano que lo surcara con ese fin. Los blancos finalmente seleccionados serían, entonces:
- Los cuarteles de Al’Aziziyah, principales centros de comando de la actividad militar de los libios, y desde donde se planificaban los ataques terroristas. También era utilizado como residencia del propio Gaddafi.
- Las instalaciones navales militares del puerto de Sidi Balal.
- El aeropuerto de Trípoli, cuyo sector militar era utilizado para brindar apoyo logístico a los grupos terroristas y revolucionarios en todo el Mundo, incluyendo a Centroamérica.
- El campamento de entrenamiento terrorista de Al Jamahuriyah, en las afueras de Bengasi.
- La base aérea de Benina, donde estaban basados varios escuadrones de cazas MiG-23MS/BN.
Los primeros tres objetivos serían atacados por la USAF, mientras que los otros dos objetivos serían atacados por la US Navy, que disponía de la VI Flota en el Mediterráneo; el problema de esta era que sólo disponía de dos portaaviones en la zona, el CV-43 “Coral Sea” y el CV-66 “America”, ya que el CV-60 “Saratoga” había retornado a USA al terminar su crucero, mientras que el CVN-65 “Enterprise” hizo un paso muy fugaz por el Mediterráneo y luego de realizar una misteriosa operación “desapareció en el Atlántico”, incluso el “Coral Sea” debió cancelar su retorno a puerto para hacer frente a la operación. Lo cierto es que la US Navy se encontraba con pocas capacidades para enfrentar un ataque nocturno, solo disponía de dos escuadrones de aviones de ataque A-6E “Intruder” aptos para la misión, mientras que los A-7E “Corsair II” y F-18A “Hornet” sólo podrían brindar funciones de apoyo a los ataques principales, no por ello su rol sería menos importante. Sin duda esta falta de capacidad de respuesta de la US Navy había sido la que motivó a los planificadores a realizar una acción conjunta con los F-111F de la USAF; los cuales ahora deberían realizar un vuelo de 11.000 km. luego de la negativa española y francesa a utilizar su espacio aéreo para el tránsito a sus objetivos. |
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Mientras los buques de la VI Flota, comandados por el vicealmirante Kelso, se ocultaban de la observación de los soviéticos y libios, la USAF comenzaba sus preparativos para el ataque, lo cual significó alistar todas sus aeronaves, incluyendo un refuerzo de aviones provisto por el USMC. Por su lado, el comandante de la Tercera Fuerza Aérea, el general de división Thomas G. McInerney, ordenó alistar en Gran Bretaña a los bombarderos F-111F y los aviones de guerra electrónica EF-111A “Raven”, a la vez que el destacamento normal de cisternas KC-135A y KC-135Q “Stratotaker” comenzaba, el día 12 de abril, a ser reforzado por hasta 25 de los más capaces KC-10A “Extender”. Desde el 9 de abril comenzaron las intensas misiones de inteligencia y reconocimiento estratégico destinados a actualizar los movimientos libios, que debían permanecer constantemente monitoreados. De esta manera, los aviones EC-135V y EC-135W de la 55th SRW comenzaron a realizar misiones desde Mildenhall, en Gran Bretaña, y desde Hellenikon, en Creta, con el apoyo de los EC-135C del 7th ACCS. Desde la base naval de Rota, en España, los norteamericanos intensificaron los vuelos ELINT utilizando los aviones EP-3A “Ares” y EA-3B “Skywarrior” del VQ-2 de la US Navy; actualizando el orden de batalla de los radares y sistemas electrónicos libios. El 4th Detachment de la 1st SRW utilizó dos SR-71 A “Blackbird” desde Mindelhall para los vuelos de reconocimiento fotográfico estratégico, así como al menos dos U-2R “Dragon Lady” en las mismas funciones, operando desde RAF Akrotiri, en Chipre. |
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Cabina de un A-6E, que mostraba la moderna aviónica con la que contaba este aparato para 1986. (Foto: Archivos Dintel) |
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El día 12 de abril los movimientos en las bases británicas era tan grande que podía observarse a simple vista. Ya desde el día anterior el incremento de los aviones de repostaje en vuelo había llamado la atención, en tanto que los trabajos de alistamiento de los F-111F y EF-111A motivó que los norteamericanos aseguraran que dicho despliegue correspondía a los ejercicios “Salty Nation” que se llevarían a cabo a la brevedad. De esta manera se logró justificar ante la prensa la febril actividad que estaba teniendo lugar en Mildenhall, Faiford, Lakenheath y Upper Heyford. La fecha y horario para la operación había sido ya seleccionado, el ataque debía producirse a las 0200 am, hora de Libia, 2100 horas en Gran Bretaña, del día 15 de abril de 1986. |
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El circo de la USAF está en marcha |
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Los preparativos de la USAF para el ataque eran los más complejos de todas las fuerzas implicadas. La necesidad de poner 18 bombarderos tácticos y cuatro aviones de guerra electrónica sobre el blanco supondrían un esfuerzo por demás considerable y eso quedó demostrado en la densa actividad que estaba teniendo lugar en las diversas bases británicas. En total se requerirían 24 bombarderos F-111F “Aadwaark”, seis de ellos como repuestos para la primera fase de la operación, todos pertenecientes a la 43th TFW (Tactical Fighter Wing) con base en RAF Lakenheath, y cinco aviones de guerra electrónica EF-111A “Raven” del 42th ECS (Electronic Combat Squadron) de la 66th ECW (Electronic Combat Wing), con base en Upper Heyford, dos de ellos como reserva, lo que denota su importancia.
Para que los bombarderos llegaran al blanco, y ante la negativa de España y Francia de volar sobre su espacio aéreo, era necesario hacer una gran cantidad de repostajes en vuelo, cuatro de ida y dos de vuelta. Es así que para el 13 y 14 de abril, las bases británicas de Lakenheath, Upper Heyford, Fairford y Mildenhall concentraron los más de treinta aviones cisternas necesarios para la misión, no menos de 27 KC-10 “Extender” y KC-135 “Stratotanker” habían sido asignados a esos roles; en tanto que otro KC-10A había sido configurado como puesto de comando volante, llevando en su interior al general de división David C. Forman, oficial de operaciones de la USAFE, y el coronel Sam Westbrook, comandante de la 48ª Escuadra Aérea Táctica, dicho aparato coordinó y acompañó el vuelo de los F-111F durante gran parte del trayecto. Finalmente la operación se pone en marcha a las 1713 hs. del 14 de abril, horario de Londres.
Mildenhall fue la primera en dejar partir sus aviones, cuando tomaron vuelo seis cisternas KC-135; seguidos, quince minutos después, por diez KC-10. A las 1810 horas despega un solitario KC-10 desde Faiford, presumiblemente el que servía de puesto de comando, mientras que más tarde se unirían cuatro KC-10 y dos KC-135, siendo completados por otros tres KC-10, presumiblemente para apoyar a los aviones de ataque en su viaje de vuelta; la mayoría operó desde Lakenheath, aunque algunos lo hicieron desde Upper Heyford y Faiford. Posterior al despegue de los aviones cisternas desde Lakenheath, a las 1836 horas, despegaron los 24 bombarderos F-111F e inmediatamente pusieron rumbo Sur para salir del territorio británico. A las 2055 los cinco aviones de guerra electrónica EF-111A ya estaban en el aire luego de despegar de Upper Heyford, la fuerza de ataque estaba ya en el aire. El primer tramo de vuelo pasó sin contratiempos y los aviones de ataque realizan su primer repostaje en vuelo al Norte del Cabo Finisterre, frente a las costas españolas, a las 1940 horas. Concluido éste, los seis F-111F de reserva reciben la orden de retornar a su base, lo mismo sucede con los dos EF-111A de repuesto; sin embargo uno recibe la orden de continuar con la operación como refuerzo. Ahora la fuerza de ataque estaba a pleno, con sus 18 bombarderos y cuatro aeronaves de protección electrónica. El segundo repostaje en vuelo se produjo al SO de las costas portuguesas, y previo al ingreso de la fuerza de ataque al Mediterráneo, donde realizarían el tercer repostaje, al Este de Gibraltar, que permitiría mantener la autonomía hasta llegar a su cuarto y último repostaje previo al ataque; el cual tuvo lugar al Este de las costas de Túnez. |
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Inédita imagen de un A-6E equipado con cuatro AGM-84 Harpoon. Aparatos similares actuaron durante Prairie Fire para hundir o inutilizar dos corbetas y dos misileras libias en una acción conjunta con el CG-49 USS “Yorktown”. (Foto: Archivos Dintel) |
La selección de los bombarderos tácticos F-111F no había sido al azar, debido a que Washington había establecido que los ataques deberían ser quirúrgicos, minimizando las posibilidades de cometer algún error que produjera daños colaterales, se optó por utilizar una mayor cantidad de armas guiadas; lo cual sumado a que la precisión en la navegación e identificación de los blancos por cada avión debía ser positiva, dejó como única opción a esta aeronave. El sistema de navegación del F-111F era lo suficientemente preciso para asegurar la misión, a la vez que los blancos podrían ser detectados por su radar AN/APQ-130 a gran distancia, información que sería transmitida al sistema AN/AVQ-26 “Pave Tack”; el cual disponía de sistemas FLIR y de designación láser que no solo permitirían la identificación del blanco, sino asignarlos para las bombas guiadas por láser. La orden era taxativa, si no se identificaba el blanco al 100%, el ataque debía abortarse. |
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