Por: Marcelo Rivera y Luis Finschi
 
 
 
       
  Durante los años ’80, las relaciones entre Estados Unidos y Libia atravesaron por su peor momento. El juego de fuerzas y las personalidades de los mandatarios de ambas naciones, impulsaron a fuerzas de esos países ha enfrentarse en reiteradas oportunidades.  
     
 

Gaddafi al poder

 
 

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En 1969, un joven capitán encabezaría un golpe de Estado en contra de la Monarquía hasta entonces existente. Prontamente el capitán se autopromovió a Coronel Gaddafi. (Foto: Agencias)

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el vacío de poder se apoderó del norte de África, luego que las tropas italianas fueran desalojadas por los aliados. En ese entonces el emir Muhammad Idris al-Sanusi, quien había luchado contra la invasión italiana de la zona en 1922, decidió proclamar la independencia de Cirenaica en 1949.
Un año más tarde, en diciembre de 1950, se unirían a esta independencia Tripolitania y Fezzán, que junto a Cirenaica fundaron la Monarquía Federal Independiente de Libia de la cual Idris fue nombrado su primer rey.

 
 

Diecinueve años pasarían desde la creación de esta monarquía africana, hasta que el 1 de septiembre de 1969, aprovechando las vacaciones del rey Idris en Turquía, un Consejo Revolucionario decidió tomar el poder. El movimiento golpista estaba encabezado por un joven capitán de 27 años del Ejército libio, Muammar Gaddafi que junto al recién creado consejo, proclamó la formación de la República Árabe de Libia.
Rápidamente el líder libio aseguró su neutralidad en política internacional:
“En relación con la política exterior, seguiremos lineamientos de absoluta neutralidad, sin parcialidad alguna hacia este o el oeste.
No estamos de parte de los Estados Unidos ni de la Unión Soviética, ambos son extraños para nosotros y amenazan la independencia de los estados que se localizan en las costas del Mediterráneo.
Quien apoya a la causa palestina es amigo de los árabes, quien respalda a Israel es enemigo de éstos. Los árabes que trabajan sinceramente por la causa palestina deben construir sus relaciones con otros estados en función de la posición que éstos adoptan ante dicha causa”.
Los primeros meses del nuevo gobierno de Trípoli, no despertaban mayores suspicacias en Occidente; hasta que a mediados de 1970, Gaddafi ordena la salida de las bases militares estadounidenses y británicas presentes en Libia. Así como obligó a las petroleras occidentales a renegociar sus acuerdos de extracción de crudo en condiciones mucho más favorables para el gobierno.
Sin embargo, mientras Gaddafi se ganaba enemigos en Estados Unidos y Reino Unido, también obtenía aliados en Francia. El alto precio del petróleo y los renegociados contratos petroleros que beneficiaban al gobierno, dieron al país numerosos recursos económicos que comenzaron a ser utilizados en la adquisición de nuevas armas y las industrias de defensa galas fueron las grandes beneficiadas.
Cerca de 110 cazas Dassault Mirage 5, en diversas versiones, llegaron a engrosar las filas de la recién renombrada Fuerza Aérea Árabe de Libia. A ellos se sumaron cerca de una decena de helicópteros SA-321M Super Frelom, otros diez SA-316 Aloutte II y doce entrenadores avanzados CM-170 Magíster.

 
 

Varias de estas aeronaves participaron en la guerra del Yom Kippur en octubre de 1973 bajo los mandos de pilotos egipcios contratados por el régimen de Gaddafi para adiestrar a los oficiales libios en el material Mirage. Pero la derrota árabe, trajo consigo la expulsión de los asesores soviéticos de Egipto, por lo que la URSS se vio, de la noche a la mañana, sufriendo la pérdida de influencia de una importante y estratégica área. Fue entonces cuando Moscú y Trípoli comenzaron el acercamiento que convertiría a este último país en uno de los mayores clientes militares del bloque soviético.
Los nuevos vínculos con los soviéticos le permitieron a Gaddafi, hacia 1973, equiparse, en una primera etapa, con un lote de 14 bombarderos TU-22B “Blinder” y 24 cazas MiG-23MS "Flogger”. No obstante, la diplomacia de Trípoli permitía mantener negocios con ambos bloques, lo que permitió que USA autorizara la venta de doce aviones de transporte C-130H y una veintena de helicópteros CH-47C “Chinook” producidos en Italia. Francia continuaba a la cabeza del suministro de equipamiento militar de origen occidental, suministrando 48 cazas Mirage F-1ED/AD/BD, así como lanchas lanzamisiles y otros equipos.

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Durante fines de los '70 y comienzos de los '80 del siglo pasado, la República Árabe de Libia emprendió un ambicioso plan de repotenciación de sus Fuerzas Armadas, con el fin de enfrentar eficazmente un futuro conflicto con Israel. En ese contexto, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se convirtió en uno de sus principales proveedores de armas, llegando a ceder lo más avanzado en su arsenal a las tropas del regimen árabe de Gaddafi (foto: Archivos Dintel)

 
 

Para mediados de los ’70, las aspiraciones del líder libio de formar una gran nación árabe, se veían truncadas políticamente; por lo que comienza una serie de movimientos militares para crear por la fuerza lo que no podía por la diplomacia. La anexión de la franja de Aouzou en la frontera con Chad en 1973, y su apoyo a los gobiernos tiránicos Idi Amin en Uganda o Jean-Bedel Bokassa en la República Centro Africana, comenzaron a preocupar a los gobiernos occidentales, que no veían con buenos ojos los crecientes nexos entre uno de sus principales proveedores de crudo y regímenes autoritarios. Esta preocupación crece cuando en 1977 se producen una serie de enfrentamientos entre egipcios y libios, y la frustrada invasión de Gaddafi a Túnez en 1979, a la vez que los nexos entre Libia y la URSS seguían aumentando con el traspaso desproporcionado de numeroso y moderno material aéreo, incluido el MiG-25, del cual Libia fue el primer usuario extranjero.
Hacia 1981, la Fuerza Aérea Árabe de Libia (LARAF) era una formación poderosa, su arsenal se constituía de 143 cazas MiG-23MS “Flogger”, y su variante de ataque MiG-23BN, 80 interceptores MiG-25PD “Foxbat” y los de reconocimiento MiG-25RB, 36 cazas Su-20 “Fitter” y 60 de la versión mejorada Su-22M-2 “Fitter”; pero extrañamente no contaba con el personal necesario ni debidamente entrenado para poder operar tal fuerza. Más aún, gran parte del material era inmediatamente almacenado tras su arribo, lo que hacía pensar a Washington de que las aeronaves eran parte de un centro de almacenaje de material para el Pacto de Varsovia que podría ser utilizado ante una eventual guerra en Europa. Pero para la LARAF, todo se trataba de mantener el armamento necesario para hacer frente a Israel en lo que ellos llamaban la “Guerra Final”.

 
     
 

Los primeros Incidentes

 
 

Desde la llegada al poder de Gaddafi, las relaciones entre Libia y Occidente comenzaron a decaer, mientras las políticas de ese régimen se endurecían en contra de las petroleras de Reino Unido y Estados Unidos.
Ya el 21 de Marzo de 1973, una intercepción de un C-130B-II del 7406th CSS USAF, mientras operaba al Norte de Trípoli, resulta con daños por los disparos realizados por Mirage 5 libios, en un intento infructuoso por hacerlo descender en el aeropuerto de la capital.
Más adelante, los enfrentamientos entre americanos y libios decayeron, aunque la tensión entre ambos países era evidente, debido a las innumerables intervenciones realizadas por Gaddafi en el norte y centro de África. La ocupación del norte de Chad por parte de tropas del Ejército Árabe de Libia, determinaron que Estados Unidos, Reino Unido y Francia fijaran sus miradas en la acciones del cada vez más cercano aliado soviético en el Mediterráneo. La reacción de Washington no se hizo esperar, y el Pentágono ordenó una serie de maniobras aeronavales de la Sexta Flota norteamericana en aguas cercanas a las costas libias, que exasperaron a Gaddafi.

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Los primeros incidentes entre aeronaves norteamericanas y libias, involucraron en la mayoría de las ocasiones a aparatos navales, provenientes de grupos de batalla estadounidenses. Las intercepciones entre MiG-25 libios y F-14 americanos pasaron a ser casi rutinarias, como lo muestra esta fotografía captada desde un Tomcat. (Foto: vías Acig.org)

 
 

Estas maniobras navales, eran vistas por Trípoli como acciones destinadas a provocar más de un incidente armado entre fuerzas militares de ambos países, y que darían la excusa apropiada para que Washington pudiera utilizar su poder bélico sobre Libia. Sin embargo, Estados Unidos argumentaba que la Sexta Flota se encontraba en su derecho de transitar por lo que ellos consideraban como aguas internacionales, ya que para ese país las aguas territoriales sólo consideran las tres millas náuticas desde la costa, algo que contrastaba con la postura de Libia, que consideraba que su soberanía alcanzaba hasta las 200 millas, por lo que el Golfo de Sidra, cercano al lugar donde se realizaban las maniobras, estaba dentro de su territorio.
Esta no era la primera vez en que naves de la Sexta Flota se veían envueltas en los choques de intereses entre Estados Unidos y Libia, pues durante los años ’70, y a causa de la invasión libia de Chad, fuerzas navales norteamericanas cruzaban frecuentemente el Golfo de Sidra en abierta provocación.
A comienzos de 1981, los ejercicios estadounidenses en la zona aumentaron drásticamente. En febrero de ese año, grupos de batalla navales se acercaron peligrosamente a las costas de Libia para realizar maniobras militares destinadas a entrenar a sus fuerzas para mantener el libre tránsito en las aguas del Mediterráneo. Sin embargo, los ejercicios se realizaban a tan sólo 80 kms de distancia de Bengasi al noreste de Trípoli, y parecían más labores de monitoreo de los movimientos de las fuerzas de Gaddafi que otra cosa; a la vez que permitían distraer la preocupación Libia a un segundo frente, debido a su intervención en Chad.
En agosto del mismo año, dos grupos de batalla de la Sexta Flota, conformados por los portaviones CV-59 USS “Forrestal” y CVN-68 USS “Nimitz”, otra vez realizaba ejercicios militares en las cercanías del Golfo de Sidra, en lo que fue anunciado por Washington como ejercicios militares con “misiles vivos”, destinados a asegurar el libre tránsito naval por la zona.
Para el 18 de agosto los dos portaviones estadounidenses realizaban sus ejercicios militares en las cercanías de la costa libia. En un esfuerzo por lograr ubicar a los dos grupos de batalla norteamericanos, despegan desde Misurata una pareja de interceptores MiG-25PD y un avión de reconocimiento MiG-25RB de la Fuerza Aérea Árabe de Libia (LARAF) con dirección al Golfo de Sidra. Rápidamente los tres aparatos son interceptados por una pareja de F-4 navales provenientes del USS Forestal y otras dos unidades de F-14 “Tomcat” del USS “Nimitz”, quienes escoltaron a las aeronaves libias hasta las cercanías del Golfo de Sidra.
Lo que en un principio habría sido un incidente aislado, pronto se convertiría en una rutina. Cerca de 70 cazas de la LARAF, entre ellos MiG-23MS, MiG-25PD/RB, Su-20M, Su-22M y Mirage F-1, fueron despachados sucesivamente desde diversas bases aéreas libias durante todo el día. En una y otra oportunidad, los aparatos libios eran interceptados por catorce F-4 y F-14 de los portaviones, mientras sus movimientos eran seguidos por AWACS E-2C “Hawkeye”.
Aunque cada interceptación realizada por las aeronaves de la US Navy era tensa, éstas sólo se limitaron a evitar que los aparatos libios se acercaran a los portaviones, labor en la que contribuían los propios pilotos de la LARAF que no oponían mayor resistencia para abandonar la zona.
Sin embargo, el día siguiente sería distinto. Durante la mañana del 19 de agosto un E-2C detecta dos Su-22M despegando desde Ghurdabiya. Todo hacia presumir que una nueva y tensa jornada, similar a la del día anterior, comenzaba. Desde el USS “Nimitz”, dos patrullas CAP son despachadas para interceptar a los dos Su-22M, pero la situación no sería como el día anterior. En una acción que aún no es clara, uno de los cazas libios habría disparado un misil K-13M contra el líder de los F-14 “Tomcat”, estos inmediatamente rompieron formación y recibieron la autorización para defenderse. El líder de la CAP norteamericana disparó un par de AIM-9L en contra del numeral libio, mientras que el segundo caza norteamericano derribó al líder de la formación libia con otro Sidewinder. Ambos pilotos árabes lograron eyectarse con éxito, y rescatados por helicópteros de CSAR.
No obstante, existen al menos otras dos versiones sobre este incidente. La primera de ellas, indica que el Su-22M libio se desprendió de uno de sus depósitos de combustible suplementarios, lo que fue interpretado, quien tenía alcance visual de la pareja de Sujoi, como el lanzamiento de un misil aire-aire. En tanto, la segunda versión hace hincapié en que los aparatos de la LARAF no lanzaron sus misiles K-13M ni realizaron ningún tipo de movimiento hostil, siendo atacados arbitrariamente por los “Tomcat”. Cada una de estas versiones proviene ya sea desde la visión norteamericana, como  de la visión libia.  
Cuando aún se realizaban las labores de búsqueda y rescate de los pilotos libios eyectados, dos MiG-25PD se dirigieron hacia el grupo de batalla del USS “Nimitz”, a gran altura y velocidad, poniendo a prueba las destrezas de intercepción de los F-14. Sin embargo, los cazas navales lograron alumbrar en todo momento a los cazas libios, obligándolos a hacer quiebres bruscos para romper contacto con el radar AWG-9. Luego de dos intentos fallidos por acercarse al “Nimitz”, los aviones libios retornaron a sus bases, en lo que sería el último encuentro con los “Tomcats” hasta 1983.
Precisamente la segunda invasión a Chad ordenada por Gaddafi, provocó una serie de maniobras por parte de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, destinadas a evitar que Trípoli se anexara a su vecino del sur, así como evitar la creciente influencia de ese país en los asuntos internos de Sudán. Nuevamente un grupo de batalla de la US Navy, liderado por el portaaviones CVN-69 “Eisenhower” comenzó una serie de maniobras en las cercanías del Golfo de Sidra, al límite de la llamada “Línea de la Muerte”; implantada por Gaddafi para advertir a Estados Unidos que todo ingreso a su mar territorial, sería considerada una amenaza. Es así que se produce un nuevo encuentro entre F-14 y cazas libios, cuando cinco MiG-23M fueron interceptados por una pareja de “Tomcat” a poco más de 200 millas al sur de donde se encontraba la fuerza de tarea norteamericana. El encuentro no tuvo incidentes mayores como los ocurridos a mediados de agosto de 1981, y sólo fue interpretado como un mensaje para Gaddafi con respecto a su intervención militar en Chad y Sudán.

 
     
 

Reagan v/s Gaddafi

 
 

Las explosivas personalidades de Ronald Reagan y Muammar Gaddafi, llevaron a que Libia y Estados Unidos se enfrentaran en reiteradas ocasiones, aunque siempre se mantuvo el vínculo comercial entre ellos (Foto: Agencias)

Las relaciones entre Estados Unidos y Libia comenzaron a empeorar aún más a partir de 1985. Las disputas verbales entre el dictador libio y funcionarios de la Casa Blanca, aumentaron rápidamente; debido a las acusaciones norteamericanas que involucraban al gobierno de Trípoli de propiciar atentados terroristas en todo el mundo en contra de ciudadanos e intereses estadounidenses. De hecho, desde abril de 1983 a noviembre de 1985, el terrorismo en el Medio Oriente había cobrado la vida de 265 ciudadanos norteamericanos, lo que supuso un duro golpe para el gobierno republicano de Reagan, que tuvo que hacer frente a las presiones de la ciudadanía para castigar a los responsables de dichos actos.
Junto a estas acusaciones, los vínculos entre Libia y la URSS continuaban estrechándose y se materializaban en la venta de sistemas de armas que ni siquiera los países del Pacto de Varsovia aún poseían. La LARAF, fue la primera fuerza aérea (aparte de la soviética) en recibir el MiG-25PD y el sistema antiaéreo SA-5 “Gammon”, a la vez que la intervención militar en Chad (1) convertía a Gaddafi en una seria amenaza regional que debía ser controlada.

 
 

En este sentido, los vínculos entre Libia y el terrorismo no pueden ser obviados. Según diferentes servicios de inteligencia occidentales, los nexos entre el régimen libio y grupos terroristas de todo el mundo, amenazaban seriamente a sus ciudadanos. Un informe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, aseguraba que Libia estaba preparando diversos ataques en Europa, América Latina, África y Medio Oriente, traducidos en amenazas a diplomáticos norteamericanos y a los funcionarios de las embajadas en América Latina. Asimismo, las líneas aéreas de bandera estadounidense también se habrían convertido en un blanco primordial. Se mencionaba, por otro lado, que se habían iniciado los preparativos para la destrucción de las embajadas norteamericanas en 10 países africanos y atentados explosivos en contra de las embajadas de Estados Unidos en Medio Oriente, mediante el financiamiento de células terroristas palestinas.
En ese sentido, el 27 de diciembre de 1985 se producen dos atentados terroristas en los aeropuertos de Roma y Viena. Mientras los pasajeros de los vuelos de El Al esperaban en la puerta de embarque de su vuelo, dos células terroristas dispararon en contra de ellos. El resultado fue de 20 pasajeros muertos, entre ellos cinco norteamericanos. Prontamente, los Carabinieri y el Servizio per le informazioni e la Sicurezza Militare de Italia (SISMI), descubrieron evidencias de la participación libia en el atentado de Roma. En Washington, las pruebas italianas sobre la participación de los servicios secretos libios en los atentados aeroportuarios, llevó a que el presidente Ronald Reagan ordenara un embargo comercial en contra del régimen de Gaddafi.
Lo cierto es que la financiación de los atentados terroristas por parte de Libia fue un hecho constatado fehacientemente, e incluso Libia no ocultaba que sus Servicios de Inteligencia estaban involucrados.
Junto a ello, el mandatario norteamericano ordenó la realización de la operación “Mayor Libertad para la Navegación”, que contempló el envío de tres grupos de batalla de la Sexta flota a las cercanías del Golfo de Sidra, conformado por los portaviones USS Saratoga (CV-60), USS Coral Sea (CV-43) y el USS América (CV-66). El 7 de enero de 1986, Reagan aclaró que “si estos pasos no dan por terminado el terrorismo de Gaddafi, prometo que se tomarán pasos adicionales”.
Para fines de marzo de 1986, los tres grupos de batalla comenzaron una serie de maniobras en el Golfo de Sidra, al sur de la línea de la muerte implantada por Gaddafi en el paralelo 32º30’ latitud norte. El desafío hecho por Washington sería respondido por Trípoli. El 26 de marzo, durante vuelos de patrulla realizados por una pareja de F-14 en las cercanías de la costa de Libia, fueron lanzados seis misiles SA-5 en contra de las aeronaves, aunque sin consecuencias para los norteamericanos. Según Estados Unidos, los dos cazas navales volaban en el espacio aéreo internacional, por lo que decidió responder al ataque con la Operación “Fuego en la Pradera”.

 
     
   
     
 

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