Operativo Rosario Por: Marcelo Rivera  
 

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El buque de desembarco de tanques (BDT) Q-42 "Cabo San Antonio" fue el principal elemento de asalto anfibio para el operativo "Azul", desde él operaron los blindados de asalto LVTP-7 y transportó al grueso del Batallón de Infantería de Marina 2. (Foto: Archivos Dintel GID)

Los motivos reales que llevaron a la dictadura militar argentina a iniciar la recuperación de las islas Malvinas en 1982 son realmente inciertos. Algunos investigadores aseguran que la operación “Alfa” (1) en las islas Georgias y su complicación tras el “incidente Davidoff” aceleró alguna reacción específica, en otros casos se habla de rivalidades a nivel liderazgo, mientras que la tesis más común es la de buscar una válvula de escape a la presión que estaba sintiendo la dictadura debido a la presión negativa de la sociedad, que ya no toleraba más un gobierno militar, y de comprobada tendencia genocida.

 
 

Sin embargo hay un cúmulo de situaciones que llevaron a la guerra en el momento menos propicio para ello, si había algún momento apto. Durante años se había esperado la posibilidad de destrabar las negociaciones diplomáticas en Malvinas, sin embargo, los intereses de la Falklands Island Company, que dominaba la situación socioeconómica de las islas casi por encima de los intereses del gobierno, siempre bloqueaban las jugadas diplomáticas británicas y la situación volvía al comienzo. Con la llegada de los militares al poder, los reclamos se hicieron cada vez más intensos y exigentes, a tal punto que en más de una oportunidad los diplomáticos británicos recibieron la advertencia de que de continuar la postura inflexible en torno a la situación de las islas, la Junta Militar se comenzaría a impacientar.

Cuando en 1976 los argentinos establecieron su presencia en las islas Sándwich del Sur, conocidas como South Thule para los británicos, la situación comenzó a preocupar cada vez más. En 1977, en una operación secreta, los británicos despacharon hacia el Atlántico Sur a la fragata HMS F-42 “Phoebe” y al submarino nuclear S-101 “Dreadnought” con la intención de disuadir a los argentinos de cualquier intento de acción sobre las Malvinas, aunque la operación tuvo sus serios contratiempos y no llamó mucho la atención. Para entonces, la relación entre ambos países comenzaba a enfriarse considerablemente y no es de despreciar la posibilidad que la operación “Alfa” se haya desarrollado desde la puesta bajo soberanía argentina las islas Sándwich del Sur.
Como medida de presión, en 1979 Argentina comenzó a disminuir la frecuencia de los vuelos de LADE (Líneas Aéreas del Estado) hacia la capital de las islas, también retrasó deliberadamente la partida de un buque de aprovisionamiento con destino a las mismas. En los informes británicos posteriores a la guerra de Malvinas (Informe Franks), se reconoció que las continuas trabas británicas a las negociaciones habían generado un clima de tensión que, incluso, había sido advertido por los círculos diplomáticos argentinos de manera informal y que habían quedado asentados en muchos casos.
Así, en 1981, la Junta Militar argentina se había cansado de las constantes chicanas diplomáticas británicas, por ello se ordenó establecer una Hipótesis de Crisis, Hipótesis de Conflicto e Hipótesis de Guerra completamente actualizada, ya que habían documentos previos, que permitiera establecer una salida forzada a cualquier estancamiento de las negociaciones.

 
 

De inmediato, el almirante Isaac Anaya presentó un plan para recuperar las islas Malvinas mediante una acción militar sorpresiva, rápida y completamente incruenta que permitiera recuperar las islas y poner a la Argentina en una posición más ventajosa para retomar las negociaciones diplomáticas. Los planes no eran del todo malo, aunque el contexto en el que el gobierno argentino se encontraba no era el más apto para que pudiese resultar (2).

Para 1982, la Comisión de Trabajo Conjunta, establecida para analizar el caso Malvinas informaba que aún se estaba trabajando y que los resultados no estarían listos hasta fines de año de manera concluyente. Se habían trazado los pasos diplomáticos para la Hipótesis de Crisis, pero no se habían completado los esquemas de Hipótesis de Crisis e Hipótesis de Conflicto, que preveían, sin mayores detalles, que las FFAA estarían en condiciones de realizar alguna acción militar de envergadura a partir de 1984.

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Los comandos anfibios a bordo del destructor D-2 "Santísima Trinidad" preparando los botes neumáticos que, tiempo después, los llevarían hacia las playas de Malvinas, dando paso a la recuperación de las islas. (Foto: Archivos Dintel GID)

 

 
 

Los planificadores militares estimaron que una operación militar diplomática (la recuperación de Malvinas como medida de negociación) podría ser factible a partir del 15 de mayo, cuando la inminencia del invierno austral ofrecería una tregua a cualquier accionar militar británico y beneficiaría la salida diplomática. Sin embargo, los planificadores también fueron claros en algo crítico, las FFAA argentinas no estarían en condiciones militares óptimas hasta 1984 para una acción bélica de mayores características frente a un enemigo tan poderoso, ya que aún quedaba recabar muchísima información de inteligencia.
Cuando en marzo se produjo el llamado “Incidente Davidoff” (3), la crisis comenzó a agudizarse y la Junta Militar debió tomar una decisión imperiosa, la cual, al fin y al cabo, demostró ser apresurada y que tuvo unas nefastas consecuencias en lo que a la situación de Malvinas se refiere de cara al futuro.
Ante la imposibilidad de reiniciar las negociaciones, debido a que la situación en Georgias se estaba disparando, y debido a la necesidad de tomar ventaja para destrabar las conversaciones, se decidió acelerar la operación militar, principalmente ante la posibilidad de que los británicos reforzaran las islas y desbarataran el único plan existente en ese momento. Así, la Hipótesis de Crisis tomó un giro inesperado y las negociaciones fueron interpretadas de formas muy diferentes por ambos países.

 
     
 

El operativo Rosario en marcha

 
 

El 23 de marzo de 1982, la Junta Militar argentina ordena la puesta en marcha de los preparativos para una posible acción militar con el objeto de recuperar las islas Malvinas. Por tal motivo, ese mismo día, el vicealmirante Juan José Lombardo ordenó al Comandante de la Flota de Mar (FLOMAR), Walter Allara, y al comandante de la Infantería de Marina (IMARA), Carlos Busser, “Acelerar los preparativos para el planeamiento de una operación anfibia con el objeto de estar listos en un plazo máximo de 72 horas”. La orden estaba complementada por una serie de directivas específicas para la operación y se asemejaba al típico planeamiento de un ejercicio anfibio, Allara informó que “dicha orden podría ser autorizada o cancelada en cualquier momento”. Ambos jefes sabían que dichas órdenes se repetían con cierta regularidad desde 1977, y que muchas veces se iniciaba el ejercicio y antes de completarse había sido ya cancelado, sin embargo, esta vez sería diferente.

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Helicóptero SH-3 "Sea King" de la Armada argentina operando en el portaaviones V-2 "Veinticinco de Mayo", estos aparatos permitieron una ampliar aeromovilidad a las fuerzas argentinas durante el operativo, operando desde el rompehielos Q-5 "Almirante Irizar", donde también se encontraba un helicóptero SA-330 "Puma" de la Aviación de Ejército. (Foto: ARA)

 
 

El jueves 25 de marzo de 1982, ambos comandantes fueron informados que la operación estaba destinada a recuperar las islas Malvinas, por tanto se ordenó la preparación de los elementos encargados de participar en la misma. El viernes 26 de mayo, el Batallón de Infantería de Marina nº 2 (BIM 2), inició la preparación de su personal y equipo para ser embarcado en el buque de asalto anfibio (BDT) ARA Q-42 “Cabo San Antonio”, lo que incluía, también, los vehículos anfibios LARC-5 u LVTP-7 del Batallón de Vehículos de Asalto Anfibio, que jugarían un papel fundamental en la operación de Malvinas al otorgar movilidad y protección a las fuerzas argentinas. Elementos de la Agrupación de Buzos Tácticos y la Agrupación de Comandos Anfibios serían elementos vitales para el éxito de la acción.
Más tarde se unió la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 (RI 25), que comenzaron a llegar a Puerto Belgrano a bordo de aviones de transporte C-130 “Hércules” de la Fuerza Aérea. Las fuerzas del Ejército se encargarían de la ocupación de las islas una vez que estas fueran recuperadas por los infantes de marina, aunque finalmente también participarían de la operación inicial. En la noche del sábado 27 de marzo, los buques estaban completamente cargados, con sus tripulaciones de tiempos de guerra, munición real y combustible al máximo. Las tropas, desplegadas y distribuidas en los buques asignados, estaban ya listos para partir.
Hasta aquí, todo era un ejercicio, solo los máximos comandantes militares sabían en realidad cuál era la misión que les sería encomendada, aunque más de uno sabía que la operación podría ser cancelada y los planes nuevamente archivados como se había hecho en más de una oportunidad. El personal de baja graduación había sido informado que realizaría un ejercicio conjunto en la Patagonia, mientras que los buques de la FLOMAR realizarían un ejercicio antisubmarino en sus costas. El secreto que rodeaba a la operación era total, y así se mantuvo hasta el mismo día del desembarco.

El domingo 28 de marzo, las unidades navales zarpan desde Puerto Belgrano, la maquinaria naval puesta en marcha era impresionante para una operación tan limitada. El Grupo de Tareas 20 se encargaría de realizar las misiones de cobertura aérea y apoyo, contando con el portaaviones V-2 “Veinticinco de Mayo”, con su Grupo Aéreo Embarcado compuesto por tres aviones antisubmarinos S-2E “Tracker”, tres cazas A-4Q “Skyhawk” y algunos helicópteros, siendo escoltados por los destructores antiaéreos D-1 “Hércules” y D-2 “Santísima Trinidad”, con un helicóptero “Sea Lynx” HAS.Mk.23 cada uno, y las corbetas P-31 “Drummond” y P-33 “Granville”.
El Grupo de Tareas 40, destinado a la operación anfibia, estaba compuesto por el buque de desembarco de tanques Q-42 “Cabo San Antonio”, el rompehielos Q-5 “Almirante Irizar” y el transporte “Isla de los Estados”. Como elemento de apoyo se había despachado el veteranísimo submarino S-21 “Santa Fe”, el que constituía el Grupo de Tareas Especiales, con elementos de la Agrupación de Buzos Tácticos embarcados en él. Por entonces el Grupo Naval Antártico, compuesto por el buque de apoyo polar B-1 “Bahía Paraíso”, se transformaría en el Grupo de Tareas 60, encontrándose ya operando en las islas Georgias, y al cual se le integraría la corbeta P-32 “Guerrico”, la cual había sido apresuradamente puesta en servicio, ya que al momento de iniciarse la operación el buque se encontraba en mantenimiento de rutina en dique seco. La corbeta debería transportar refuerzos hacia las Georgias y permitir sostener las posiciones que los infantes de marina disponían en Puerto Leith, posibilitando un desembarco en Grytviken. Para esa misión transportaba una Sección de infantes de marina, los cuales serían traspasados al transporte polar y realizarían un desembarco aéreo con los dos helicópteros, un SA-330 “Puma” del Ejército y un SA-319B “Alouette 3” de la Armada, disponibles en el “Bahía Paraíso”.
Una fuerza impresionante, un portaaviones, dos destructores, tres corbetas, un submarino, un buque de desembarco, un rompehielos, un transporte polar y un mercante, con tres aviones de combate, tres antisubmarinos y un número cercano a los diez helicópteros.

 
     
 

Las fuerzas británicas en Malvinas

 
 

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Mapa con las acciones argentinas el 2 de abril, como se había planeado originalmente. En la parte inferior el destructor "Santísima Trinidad" y el rompehielos "Irizar" que despacharon los comandos hacia los cuarteles de los Royal Marines y la casa del gobernador británico, en la parte superior el grueso de la fuerza anfibia con el BDT "Cabo San Antonio" desembarcando en la zona de Bahía Yorke las fuerzas principales que tomarían el aeropuerto y la capital, mientras que en el extremo derecho el submarino "Santa Fe" que desembarcó las fuerzas especiales hacia el faro. (Foto: Fuerza Aérea Argentina)

Las fuerzas británicas desplegadas en Malvinas estaban compuestas por el Naval Party 8901, el cual normalmente se componía de unos 47 hombres con armamento ligero. Sin embargo, para marzo de 1982 se había iniciado el procedimiento de rotación de las tropas británicas para el periodo 1982/1983. El jefe del destacamento era el mayor Gary Noott, quien entregaría el comando del Naval Party 8901 (NP 8901) al mayor Mike Norman para su nuevo periodo de un año de servicio.
Éste último recibió el mando del contingente inglés de forma apresurada el 1 de abril de 1982 en una pequeña ceremonia en los cuarteles de Moody Brooke, y a las 1530 horas de ese día, el gobernador de las islas, Rex Hunt, convocó a ambos oficiales para informarles sobre un telegrama llegado desde Londres:

“Una flota de invasión argentina se encontrará mañana a la altura de cabo Pembroke. Es muy probable que la fuerza desembarque. A ustedes les corresponde tomar las decisiones oportunas.”

 
 

La noticia cayó como un baldazo de agua fría, Normal disponía de 43 hombres del grupo de relevo, más otros 25 “veteranos”, mientras que otros doce estaban embarcados en el rompehielos de patrulla HMS “Endurance” y otros diez habían desembarcado en las Georgias para mantener la posición ante el inminente accionar de las fuerzas argentinas.
Norman y Noott pronto comenzaron un apresurado trabajo en el plan defensivo, el cual ya tenía algunos adelantos ya que en las fechas previas se tenía la certeza que los argentinos podrían lanzar un desembarco. Sabiendo que en la flota argentina se encontraba al menos un buque de desembarco anfibio, hizo suponer a Norman que serían ampliamente superados en número, por lo que decidió resistir el mayor tiempo posible antes de rendirse. De esta manera, comenzaron el despliegue de sus tropas protegiendo los objetivos principales, es decir, el aeropuerto y la capital Port Stanley (4), desde donde se podría controlar el puerto y los accesos a la capital. El Cuartel General del NP 8901 fue reubicado en la casa del gobernador, mientras que la distribución de las tropas se produjo en torno al puerto y el aeropuerto.
Asimismo, la pista del aeropuerto fue obstaculizada con la ubicación de tractores, remolques y otros equipos pesados, los vehículos ligeros que no eran útiles fueron volcados, en tanto que algunos camiones pesados fueron enterrados hasta el eje. Al sur de esta posición se instaló una pequeña fracción, la Sección 5, destinada a cubrir con su fuego la zona del aeropuerto. Un puesto de observación se desplegó en Yorke Bay, el cual era uno de los mejores sitios de desembarco posibles, donde la playa se trató de obstaculizar con alambres de púas y una posición con una ametralladora media que permitiría hacer de primer elemento de reacción. Sus dos operadores disponían de una motocicleta para abandonar la zona una vez que obtuvieran información sobre el desembarco, también había una canoa si no podían abandonar la posición por tierra.
Al sur de la Sección 5 se encontraba la ruta que une el aeropuerto con la capital, allí hace un ángulo recto hacia a la altura de Hooker’s Point. La Sección 1 tomó posiciones allí, mientras que la Sección 2 se ubicó a su izquierda, sobre la antigua pista de aterrizaje de las islas. Las tropas allí desplegadas recibieron un lanzacohetes antitanque Carl Gustav de 84 mm, un equipo de dos infantes, mientras que se distribuyeron varios lanzacohetes descartables M-66 LAW como refuerzo en el resto de la tropa.
Más al oeste de esa posición, se ubicaba la Sección 3, la cual se ubicó en las cercanías de la baliza de radionavegación VOR del aeropuerto. Su misión era retrasar el avance enemigo el mayor tiempo posible antes de desplegarse hacia Port Stanley.
En la rada del puerto, en Navy Point, se instaló la Sección 4, la cual contaba con un segundo sistema Carl Gustav. Su función sería atacar cualquier nave de desembarco que se acercara a la zona que protegían. Debido a que tenían previsto un repliegue hacia Government House, la casa que se entregaba a los gobernadores de las islas, se les dotó de un bote neumático “Gemini” para desplazarse.
Ya en Port Stanley, la Sección 6 se encontraba en las elevaciones de Murria Heights, al sur del poblado, donde las tropas tenían órdenes de contener cualquier aproximación de tropas argentinas desde el sur hacia la capital. Un segundo puesto de observación se ubicó en Sapper Hill, con el soldado Mike Berry como único  observador y dotado de una motocicleta para sus movimientos.

 
 

El puesto de comando se instaló en Government House, donde el mayor Noott hacía de consejero del gobernador, mientras que el mayor Norman se ubicaba en Look Out Rocks, al sudeste de la ciudad, para ejercer el comando de las unidades de combate. El pequeño barco MV “Forrest” se destinó a misiones de exploración, utilizando su radar de navegación y ubicándose al fondeadero de Port Williams. Cuando se revisó el mortero de 81 mm, se descubrió que estaba en muy malas condiciones, como gran parte del armamento disponible, y que muchas de las municiones estaban vencidas, por lo que no pudo ser empleado en combate, lo que tal vez salvó a los británicos de que las fuerzas argentinas debieran hacer fuego de artillería naval para neutralizarlo, con el consecuente resultado de generar algunas bajas. Durante la tarde del 1 de abril, la Sección 2 en Hooker’s Point fue reforzada con una segunda ametralladora, en tanto que durante la noche la NP 8901 incorporó a dos isleños (kelpers), Jim Fairfield, cabo de reserva de los Royal Marines, y Hill Curtiss que se ofreció como voluntario.

En la madrugada del 2 de abril, a las 0200 horas, el cuartel del NP 8901 en Moody Brooks Camp fue completamente evacuado y los últimos hombres tomaron sus posiciones defensivas.

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Un LVTP-7 de la Infantería de Marina argentina con el coronel Saineldín del RI 25 asomando de una de las escotillas. Las fuerzas del Ejército fueron utilizadas para capturar y asegurar el aeropuerto mientras los infantes de marina consolidaban la cabeza de playa y organizaban el avance hacia Puerto Argentino. (Foto: Archivos Dintel GID)

 
 

El faro de Pembroke Point fue apagado y el voluntario Hill Curtiss destruyó la radiobaliza del aeropuerto con un martillo. Para entonces, los británicos ya estaban listos para hacer frente al desembarco argentino, sumando unos 75 hombres relativamente bien armados (5) y bien dirigidos. Ante la carencia de personal y tiempo, las órdenes de vigilar los 37 residentes argentinos en Port Stanley no pudieron ser cumplidas.
Durante la noche, el MV “Forrest” informó un contacto de radar y tiempo después volvió a informar que una gran fuerza naval se encontraba moviéndose en la zona, a la altura de Cape Pembroke. La guarnición británica fue puesta en máxima alerta.

 
     
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