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Espiando a la Task Force |
Continuación |
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Nuevos contactos |
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En la madrugada del 22 de abril, el G1T y personal de la ARA comenzaron a preparar una nueva misión de vigilancia sobre la flota británica. La idea era mantener un monitoreo constante sobre la formación británica y permitir obtener información actualizada sobre sus movimientos y posibles intenciones.
La segunda misión se inició con el mismo itinerario que la anterior, solamente que ahora se disponían de nuevos datos para establecer el patrón de búsqueda y exploración. El B-707(1) asignado a esta misión entonces se dirigía con un rumbo más preciso hacia la flota británica, su vuelo fue bastante más tranquilo y tan pronto como arribaron a su área de búsqueda el radar descubrió a la flota británica, diez contactos fueron informados por el avión, dos grandes y ocho más pequeños, presumiblemente los dos portaaviones y sus escoltas. Sin embargo, esta vez la situación cambiaría y el B-707 fue interceptado por seis cazas Sea Harrier FRS.Mk.1 al mismo tiempo, se encontraba a unos 225 Km. de la flota británica, pero aún así se mantuvo el rumbo hacia los buques.
Estaba claro que los pilotos argentinos confiaban en que sus cazadores no abrirían fuego pues las hostilidades aún no se habían iniciado, por lo que en esta ocasión el Boeing logró sobrevolar la flota a cierta distancia, logrando nuevas fotos y más información sobre la fuerza británica.
Esta vez el Boeing transmitió rápidamente el informe a la base: “ocho destructores y dos portaaviones ligeros con rumbo sur, posición 33º Sur, 28º Este”. Tras romper la interceptación por parte de los cazas británicos, el Boeing retorna a Buenos Aires con valiosa información. Curiosamente los británicos se habían dejado fotografiar, pero iba a ser la última vez. (2)
El 23 de abril, 48 horas después de la primera misión de Exploración y Reconocimiento, Reino Unido informa a la República Argentina que cualquier maniobra de aproximación por parte de sus buques de guerra, submarinos o aeronaves, que pudiera representar una amenaza para las fuerzas británicas en el Atlántico Sur, serían consideradas como una maniobra hostil y recibiría un trato acorde. Fue entonces después de la misión de reconocimiento, el 23 de abril, cuando los jefes británicos autorizaron derribar al insistente espía argentino la próxima vez que se acercara a la flota. El molesto espía incluso ya era conocido con diversos apodos (“Intruder” o “Prowler”) entre los pilotos y operadores de radar.
Esto no mejoró el nerviosismo de las misiones de exploración y reconocimiento, tal y como asegura el Com. Marcelo A. Conte: “Era tener encima una continua amenaza más que suficiente para crear un estado de alta tensión en los vuelos. ¿Quién podía decidir en medio del océano qué era efectivamente una amenaza y qué no lo era?”.
La situación no era para menos, de hecho, horas después de que el B-707 argentino se retirara y se recibiera la autorización para derribarlo, el radar del portaaviones HMS “Invincible” detecta un nuevo intruso, era la quinta detección del día y se dirigía hacia la flota a 350 nudos. Los patrones de vuelo parecían indicar que se trataba nuevamente del ya molesto avión argentino. De inmediato se dio la alarma, era un momento inoportuno, el portaaviones HMS “Hermes” estaba repostando del buque de apoyo RFA “Olmeda” y se iniciaron los preparativos para disparar. Tan pronto como el contacto ingresó en el área de empeño de los misiles, se recibió la anulación, el avión detectado era un vuelo regular de la empresa brasileña VARIG entre Durban y Río de Janeiro. El DC-10 brasileño había sido identificado visualmente por un “Sea Harrier” del HMS “Invincible” que había sido dirigido por el operador de radar a último momento, antes de que ingresara al alcance de los sistemas de defensa aérea de largo alcance de la Task Force. De haberse producido ese hecho, la situación internacional se hubiera puesto muy tensa. |
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El ingenio aplicado a la guerra de la información |
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Un avión de patrulla marítima "Nimrod" británico fue protagonista de un curioso incidente con un B-707 argentino el día 12 de mayo. Al parecer, el avión británico descubrió al transporte argentino en misión de patrulla y procedió a perseguirlo, aunque sin armamento con el cual causarle algún daño. A partir de entonces, los británicos instalaron misiles AIM-9L "Sidewinder" en sus aviones de patrulla marítima. (Foto: Royal Navy) |
Los recursos de inteligencia estratégica argentinos no eran para nada extensos y el hecho de que los británicos pudiesen disparar contra los B-707 dejaría sin uno de sus principales recursos para la obtención de información. Por tal motivo se inició una evaluación sobre posibles soluciones a estos problemas, la FAA no podría adquirir equipos electrónicos de largo alcance para este tipo de misiones, pues no había tiempo, dinero ni posibilidades reales de adquirirlos en el mercado, asimismo, no deberían cancelarse los vuelos debido a que esto limitaría el tráfico de información estratégica disponible. El empleo de buques pesqueros como medios de obtención de inteligencia sería un agregado adicional, aunque incluso más vulnerable que el reconocimiento aéreo. Pero la situación se resolvió volviendo a apelar al ingenio y la experiencia del personal del G1T. |
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Inicialmente, los tripulantes de los Boeing 707 realizaron un escaneo de las comunicaciones en un intento por descubrir la frecuencia que los británicos utilizaban para el contacto radial entre los aviones y los portaaviones. Durante un tiempo se intentaron prolongados escaneos en VHF sin obtener ningún resultado, aunque en una ocasión uno de los tripulantes decidió iniciar el escaneo en la frecuencia UHF, que generalmente emplean los buques, y así fue como descubrieron las comunicaciones entre los portaaviones y los cazas. Desde entonces, en muchas ocasiones se lograba saber que órdenes disponían los pilotos a la hora de identificar a los intrusos argentinos, en la mayoría de los casos se les ordenaba mantener el contacto visual y evitar cualquier acción ofensiva en lo absoluto. Esto daba una relativa calma a los tripulantes de los Boeing 707 argentinos, sin embargo, los riesgos estaban siempre presentes y el simple ejemplo del casi derribo del avión de Varig en la noche del 23 de mayo lo demostraba, más allá que esto se conoció tiempo después.
Durante los restantes días de abril, el Escuadrón Boeing del G1T realizó constantes reconocimientos sobre la vía marítima empleada por los británicos para dirigirse hacia las islas Georgias. Todo tipo de buques pudo ser identificado a medida que el tráfico tomaba una gran intensidad. Buques de guerra, mercantes, petroleros, buques de apoyo, buques hospitales y buques de guerra fueron detectados e incluso fotografiados por la unidad.
Con el agravamiento de la crisis, el tráfico comenzó a dirigirse hacia Malvinas, pero en este caso las misiones de exploración y reconocimiento tenían un riesgo asumido, pues los buques británicos empeñados en el acercamiento a Malvinas generalmente eran de combate y pondría a los B-707 bajo la amenaza de los misiles “Sea Dart” de largo alcance.
Sin embargo, a partir del 1 de mayo las hostilidades se habían iniciado después del bombardeo británico sobre Puerto Argentino, esto obviamente hacía que los reconocimientos de los B-707 no pudieran contar con la complicidad de las medidas defensivas británicas que gozaron hasta días antes, por lo que se debía recurrir a alguna medida alternativa.
Dejar de realizar los vuelos de exploración y reconocimiento quedó fuera de toda discusión, era imperioso obtener información sobre la posición de los buques británicos, por tal motivo se decidió realizar reconocimientos a distancia, obteniendo la mínima información basándose en la lectura del radar metereológico. Esto permitiría obtener los ecos de los buques, aunque impediría su clasificación e identificación posterior, asimismo, no entrañaba riesgos, pues ponerse al alcance de los buques para su detección podría también ponerlos al alcance de los misiles defensivos e incluso de las patrullas de cazas Sea Harrier británicos.
Sin embargo, una vez más, el ingenio aportó otra solución. El transponder del Boeing consistía en una luz verde que se activa cuando un radar lo ilumina, esa señal destella en forma intermitente con cada barrido de antena del radar que lo ha localizado. En su uso civil, el transponder permite al piloto tener la seguridad que se encuentra bajo control del radar. A grandes rasgos, el transponder funciona como una especie de sistema de alerta radar y es justamente de esa manera como los tripulantes de los B-707 de la FAA los emplearían.
Los aviones mantendrían el transponder encendido de manera de saber a ciencia cierta en qué momento eran iluminados por el radar de un buque, de esta manera, el avión descendía para ponerse fuera del alcance del radar, lo que se producía cuando la luz verde del transponder cesaba de titilar. El problema de ello era que el transponder no daba la dirección en la que el radar los había iluminado, por tanto no sabían si la maniobra evasiva empleada podría llevarlos al centro de la amenaza, sin embargo, era un recurso válido. |
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Un extraño encuentro aire - aire |
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Una de las misiones más espectaculares de la Guerra de Malvinas fue la protagonizada por uno de los B-707 del G1T durante una de sus misiones de exploración y reconocimiento el día 12 de mayo de 1982.
El avión argentino, donde nuevamente uno de sus tripulantes era el Vcom Marcelo A. Conte, se encontraba realizando una misión de reconocimiento. Volaban a gran altura y el día era espléndido, no había rastros de nubes, el mar estaba calmo, “parecía un espejo” dijo el Vcom Conte, y la visibilidad era óptima. Hasta ese momento el radar no había detectado buques y el transponder no daba ninguna señal.
Sin embargo, pasadas unas horas y de manera sorpresiva, la luz verde del transponder comenzó a parpadear. El radar no daba indicios de la presencia de ningún buque en la zona, en tanto que no había ninguna perturbación en el sistema, debido a que la señal era sostenida, esto despejaba las dudas, habían sido adquiridos por algún radar, pero no sabían en donde se encontraba, no sabían si era un buque o un avión. La incertidumbre hizo pensar lo peor, todas las tripulaciones de los Boeing sabían que una vez detectado detrás podrían venir los misiles.
El Vcom Conte se encontraba a la izquierda en el puesto de pilotaje, desde allí pudo observar como un avión pasaba justo de su lado con rumbo opuesto, demostrando que los había descubierto, e inmediatamente se cerró hacia la derecha con la intención de ponerse en la cola del Boeing argentino. El Vcom no lo había identificado como un Sea Harrier, pues era mucho más grande, poco después lograron identificarlo positivamente, era un avión de patrulla marítima Nimrod MR.Mk.2 de la Royal Air Force.
Este avión era casi tan grande como el propio Boeing 707 argentino y estaba específicamente diseñado para realizar misiones de patrulla marítima o vigilancia electrónica de largo alcance, según su versión. Después de un tiempo en el que ambos aviones jugaron al gato y al ratón, el transponder del avión argentino dejó de emitir la advertencia, el avión británico había decidido continuar con su misión y dejó que el avión argentino continuara con la suya, algo que también podría significar que la Task Force estaba ya advertida de su presencia y que los cazas británicos podrían venir en su caza, o estar esperándolo en una posición ventajosa.
Debido a este encuentro fortuito, los ingleses procedieron a la rápida instalación de dos soportes subalares capaces de transportar y disparar misiles AIM-9L “Sidewinder”, los británicos no estaban dispuestos a perder otra oportunidad de derribar a los molestos espías argentinos, o a cualquier avión de transporte que pudiera encontrarse en su camino. |
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Las misiones de exploración y reconocimiento en plena guerra |
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El 1 de mayo el bombardeo de la pista de Puerto Argentino por un Vulcan B.Mk.2 de la RAF y el posterior ataque de los Sea Harrier contra Puerto Argentina y Pradera de Ganso despejó todas las dudas sobre las intenciones de los británicos y la guerra abierta estaba declarada.
Esto hizo que las misiones de reconocimiento y exploración de los Boeing 707 del G1T se complicaran demasiado y los riesgos se multiplicaran gravemente. Aún con un panorama no muy alentador, los pilotos y personal del G1T mantuvieron las misiones de vigilancia sobre la flota británica, aunque ahora con menor precisión debido a la situación del teatro de operaciones y a los problemas lógicos del material empleado.
El 22 de mayo, el TC-92, con el Vcom Ritondale y el Mayor Barbero en sus mandos, realizaban una misión de exploración fuera de la Zona de Exclusión Total cuando su avión quedó dentro del rango de alcance de los misiles “Sea Dart” del crucero HMS “Bristol” y el destructor HMS “Cardiff”, pese a descender rápidamente para tratar de escapar a la iluminación de los radares, los buques británicos dispararon no menos de cuatro misiles, algunas fuentes lo citan en seis. Gracias a la pericia de sus pilotos y a unas extremadamente arriesgadas maniobras evasivas, que pusieron al límite la resistencia estructural del avión, lograron evitar los misiles hasta lograr situarse a muy baja altura, impidiendo una nueva adquisición por parte de los radares de iluminación de los buques.
En otra oportunidad, otro de los B-707, en el que uno de sus tripulantes era el Vcom Marcelo A. Conte, se encontraba realizando una misión de exploración y reconocimiento a unas 800 millas del continente cuando, aproximadamente a las 0300 horas, el CIC de Malvinas informa de la presencia de una patrulla de cazas Sea Harrier británicos. Los cazas se encontraban bastante cerca del solitario avión de transporte argentino, por lo que de inmediato inició un veloz descenso, exigiendo al máximo al avión y con las alarmas de velocidad y pérdida de altitud sonando, el avión logró ubicarse a escasos metros sobre el nivel del mar, saliendo de la zona de una posible detección de radar. Una vez que se alejaron de la zona de amenaza, el avión volvió a trepar y poco después recuperó el patrón de exploración original.
En la madrugada del 14 de junio aterrizó en El Palomar el TC-91, había cumplido la última misión de Exploración y Reconocimiento Lejano en el Atlántico Sur. El avión había sido pilotado por el Vcom Paulik y el Mayor Barbero, ambos llegaron a ser Jefes de Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina en fechas recientes.
Entre el 2 de abril, fecha de la recuperación de la Soberanía sobre Malvinas e islas del Atlántico Sur por parte de la Argentina, y el 14 de junio, fecha en que las fuerzas argentinas debieron rendirse ante el invasor británico, el Escuadrón Boeing del Grupo 1 de Transporte ejecutó un total de 54 misiones de transporte y traslado de personal, así como 61 de exploración y reconocimiento sobre la flota británica. Durante estas operaciones la unidad dispuso de quince pilotos, once mecánicos y once auxiliares de carga, además del eventual personal de apoyo de la ARA. |
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Referencias |
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(1) La FAA operó dos sus dos B-707 en misiones de exploración y reconocimiento lejano, siendo estos el TC-91 y el TC-92, ambos aviones se turnaban para mantener una vigilancia casi permanente de la flota británica, principalmente de sus medios logísticos.
(2) En este caso, las versiones difieren en fechas e información recogida, sin embargo, el contralmirante Woodward confirma las misiones del 21 y 22 de abril como aquí se las describe, mientras que algunas fuentes argentinas difieren, dando como buena la misión del 23 de abril. En todos los casos, los pormenores de la misión son datos oficiales de la FAA.
Fuentes:
- Escuadrón B-707 de la FAA - Exploración y reconocimiento en el Atlántico Sur (Com. (R) Marcelo A. Conte, Aeroespacio Nº 548)
- La Guerra Secreta por las Malvinas, los Exocets y el espionaje internacional (Nigel West, Editorial Sudamericana, 1997)
- La Guerra de las Malvinas, Edición Argentina Nº25 (EFR, 1986)
- Fuerza Aérea Argentina (www.faa.mil.ar)
- Archivos Dintel GID
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