El plan definitivo: la selección del punto de desembarco

Por:Marcelo Rivera  
 

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Parte de los oficiales del Grupo R reunido antes de embarcarse hacia Malvinas posando para una foto. A la derecha, en primer plano, se puede ver al brigadier Thompsom, que comandaría el asalto anfibio, mientras que el primero por la izquierda es el mayor Ewen Southby-Tailyour, cuyo papel sería determinante para la selección del punto de desembarco. (Foto: Royal Navy)

A principios de mayo, los argentinos ya llevaban un mes en las islas Malvinas, así y todo, la información de inteligencia era pobre y pocos sabían como estaba compuesto el dispositivo defensivo de las fuerzas argentinas. El problema era que los británicos sabían que el desembarco debía realizarse ese mismo mes, o se corría el riesgo de que el invierno austral comenzara a complicar la situación.
Si no se aprovechaba lo obtenido hasta el momento, las fuerzas británicas tendrían serias dificultades logísticas y de movimiento a partir de junio, la climatología disminuiría el empleo de los helicópteros, en tanto que las tropas poco podrían hacer, dispondrían de pocos medios de movilidad y el apoyo aéreo estaría tremendamente limitado a las horas de luz, todo ello si se disponía de buen clima.
El almirante Woodward sabía que se encontraba ante un grave problema, sus fuerzas no podrían siquiera tratar de mantener el ritmo de las operaciones si éstas se prolongaban por más tiempo. Los medios logísticos colapsarían si la fuerza debía mantenerse más tiempo embarcada, a la vez que el desgaste y la fatiga de las fuerzas, que no pisaban tierra por semanas, pondría en contra a sus condiciones físicas y psicológicas.

 
 

El 10 de mayo el buque de asalto HMS “Fearless” sería la sede de una importante reunión, sesenta oficiales superiores británicos fueron convocados para llevar a cabo una de las tareas más importantes y decisivas de la guerra. Debían decidir cuál sería el punto definitivo del desembarco británico, una vez que lo supieran, debían ponerse manos a la obra para lograr que, en un apretado margen de tiempo, el grueso de la Task Force estuviese lista, a la vez que deberían poner a punto los medios de desembarco y elaborar los planes pertinentes, incluyendo un punto muy importante, el sostén logístico hasta la cabeza de playa y, desde allí, a las fuerzas desplegadas en lo profundo del frente.
Las semanas anteriores a esta reunión definitiva habían sido muy crudas, los altos oficiales habían tenido grandes discusiones, algunas de ellas habían llegado a ser tan duras que incluso pusieron en crisis a los altos oficiales. Había muchos puntos de vista y había mucho para criticar, se disponía de poco material, incluyendo un elemento tan necesario como mapas y cartas topográficas.

 
     
 

Las discusiones previas al 10 de mayo en Ascensión

 
 

Desde los primeros días del desembarco argentino en Malvinas, el almirante Woodward contaba con el mayor Ewen Southy – Tailyour como consejero. Entre 1977 y 1979 había comandado la guarnición británica en Malvinas y durante su permanencia realizaba navegaciones en un velero, a modo de esparcimiento. Esta distracción, en un lugar tan aburrido, le permitió conocer hasta el más mínimo detalle de las costas malvinenses, había recorrido las islas de punta a punta, la mayor parte de las zonas que le eran desconocidas no serían útiles para la operación, sin embargo, como infante de marina, sabía en qué zonas podría operar una fuerza anfibia y en qué zonas no podría hacerlo. Tenía un relevamiento cartográfico impecable de los más de 18.000 Km. de costas distribuidos en 126 páginas de apuntes cuidadosamente elaborados. Su importancia en la planificación sería fundamental en lo que a la información geográfica, hidrográfica y climática se refiere.

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En esta carta se puede observar los puntos analizados por los británicos para los posibles desembarcos (1) Low Bay, (2) Port Stanley, (3) Uranie Bay, (4) Cow Bay, (5) Puerto San Calos y (6) Port North. Con puntos verdes y con un signo de pregunta aparecen las zonas que se suponía podrían estar minadas por los argentinos, mientras que en rojo se muestra el despliegue argentino supuesto. (Foto: Royal Navy)

 
 

Este oficial no rehusó entregar sus notas a Thompsom antes de salir de Gran Bretaña, por lo que el brigadier decidió que formase parte del estado mayor de la 3ª Brigada Commando cuando ésta partió hacia el sur. De esta manera, presentó a Woodward un mapa de Malvinas donde había un punto marcado, San Carlos. Al borde del mapa podían apreciarse algunas inscripciones: “Tight – Circus – OP – 65 miles Stanley – 92 miles by sea” (“Estrecho – Circo – PO – 65 millas Stanley – 92 millas por mar”)

Aunque difíciles de entender, estas anotaciones serían muy importantes. Su traducción, a cualquier idioma, era la siguiente:

La palabra “Estrecho” (o “Ajustado”), significaba que la zona se cumplía los requerimientos mínimos de una operación de desembarco. La palabra “Circo” indicaba que el sitio seleccionado estaba bien protegido por el relieve y las elevaciones cercanas. La abreviación OP se utilizaba para designar los Puestos de Observación (Observation Post), alegando que la zona tenía excelentes sitios para instalarlos. La escritura “65 miles Stanley – 92 by sea” indicaba que el punto se encontraba a 65 millas (117 Km.) de Puerto Argentino por tierra y a 92 millas (166 Km.) por mar. Fue esta proposición la que transformó al mayor Southby – Tailyour como consejero especial del comandante de la Task Force y, como tal, sería el principal implicado en las discusiones posteriores para la selección de la playa de desembarco.
Sin embargo, la controversia estuvo presente desde el principio, Woodward había señalado que su preferencia para un desembarco sería en Porth North, en la isla Gran Malvina (West Falkland para los británicos), a unas 100 millas de Puerto Argentino y lo más lejos posible de cualquier fuerza argentina en la zona. Woodward tenía intenciones de que las fuerzas allí desembarcadas construyeran una base aérea para que operaran los cazas Harrier GR.Mk.3 y, de ser posible, los cazas F-4M “Phantom” y los aviones de ataque Buccaneer de la RAF, permitiendo aliviar así el esfuerzo de los dos portaaviones.
Esta propuesta tuvo una oposición bastante fuerte, los oficiales superiores de los Royal Marines, el cual era conocido como Grupo R (R Group). Ellos no estaban en absoluto de acuerdo con el plan de Woodward, ese plan estaba en contra de todas las reglas fundamentales para un desembarco anfibio: concentrar todas las fuerzas disponibles contra el objetivo principal. Tampoco había demasiadas posibilidades de realizar el desembarco, organizar la fuerza, construir la pista y dirigir las fuerzas al combate, el invierno austral se aproximaba y eso no daba mucho margen a la espera, ni hablar del esfuerzo logístico que eso demandaría y al que la Task Force no estaba en condiciones de llevar a cabo.
El mismo general Thompson haría un comentario bromista, que no gustó mucho a Woodward, haciendo mención de dos ciudades británicas bastante alejadas una de la otra: “Era desembarcar en Barmouth para atacar Cardiff”.
Tampoco la zona de San Carlos agradó demasiado al Grupo R, pues si bien se encontraba más cerca, solo lo estaba por unos 60 Km. y, a esa altura, no eran suficientes. La propuesta de Woodward solo fue defendida por él mismo, mientras que la propuesta de la Bahía de San Carlos fue mantenida solo como una posibilidad entre muchas.
Y es cuando los factores políticos demostraron cómo corría el destino de la guerra. Se requería una campaña rápida, no se podría demostrar a la opinión pública británica que los argentinos estaban resistiendo a los británicos y una campaña larga no sería el mejor beneficio para el gobierno, el cual gracias a la invasión argentina había vuelto a ser popular. La campaña debía ser corta, rápida y contundente. En el plano militar, sabían que la situación no era fácil, una vez desembarcadas las tropas sus condiciones de combate serían bastante duras, el clima casi polar y las dificultades logísticas, incluyendo los problemas que provocaría el agua potable. Lo único rescatable de esto, era que los argentinos también sufrirían las inclemencias del clima, al igual que los problemas logísticos derivados de los factores geográficos.

Se inició, entonces, el estudio de la tercera opción, un desembarco en las inmediaciones de Puerto Argentino. De esta manera, la fuerza realizaría un desembarco a gran escala y realizaría un ataque directo contra la capital. Las zonas de Cow Bay y Uranie Bay fueron seleccionadas para esta operación.
 
     
 

La elección final

 
 

El desembarco debía decidirse de inmediato, Woodward y todos los altos comandantes estaban reunidos en Ascensión y debían salir de allí con la decisión tomada.
La primera opción en ser descartada fue el asalto directo contra Puerto Argentino, para entonces no había forma de asegurar que la artillería pudiese ser desplegada rápidamente para apoyar a la infantería, en tanto que la estimación británica sobre el dispositivo argentino les decía que chocarían con el grueso de las fuerzas, las cuales ya contarían con artillería desplegada, además de un eventual apoyo aéreo. Paralelamente, los argentinos disponían de un número importante de helicópteros que podrían ser usados para realizar un contraataque de infantería por los flancos. Sin embargo, el principal problema era que un asalto de estas características requería una superioridad de, como mínimo, 3 a 1 para ser exitoso, algo que no podía lograrse momentáneamente.

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El asentamiento San Carlos, lugar seleccionado para el desembarco. Allí se aseguraría la cabeza de playa para servir como sostén logístico y cuartel general de las operaciones británicas en las islas Malvinas. (Foto: Archivos Dintel GID)

 
 

Aunque acertado examen, los argentinos no tenían un plan defensivo que implicara un contraataque desplegando tropas con helicópteros, sin embargo, disponían de un gigantesco dispositivo defensivo compuesto por fortificaciones, trincheras, morteros, cañones sin retroceso, misiles antitanque y antiaéreos, artillería antiaérea, artillería de campaña y un reducido elemento blindado, todo ello establecido en los alrededores de Puerto Argentino. De haberse realizado esta opción, las fuerzas británicas hubiesen sufrido terribles bajas y la operación podría haberse transformado en un rotundo fracaso.
La situación se estaba poniendo muy tensa, el lugar de reunión de la isla Ascensión estaba tomando temperatura. Woodward no quería ceder ante las presiones, estaba convencido que la amenaza aérea argentina contra la flota podría combatirse ubicando a los cazas en las islas, posteriormente podrían realizarse nuevas acciones bajo la protección de los aviones, ahora contando con un mayor radio de acción. Sin embargo, los oficiales del Grupo R y el Royal Army estaban aún más convencidos de que la proposición no solo estaba equivocada, sino que era algo descabellada.
Sostenían que era necesario encontrar un lugar donde la artillería de campaña y los misiles antiaéreos pudiesen ser desembarcados fácil y rápidamente, pudiendo ser puestos en batería en posiciones bien protegidas y que le permitieran establecer una cobertura y capacidad de fuego realmente eficiente. Incluso, algunos de los integrantes del Grupo R llegaron a enviar mensajes a Londres para pedir que sus jefes vinieran a la isla Ascensión en avión y apoyaran su punto de vista ante Woodward.
Después de tan dura argumentación, Woodward pareció meditar un poco su opción, dejándola archivada como un último recurso, a partir del segundo día de reunión, el almirante abandonó definitivamente su idea.
Otros planes alternativos fueron propuestos, el capitán de navío Jeremy Larken, comandante del HMS “Fearless” propuso forzar la entrada de Puerto Argentino realizando un desembarco masivo por medio de las LCVP y LCU disponibles. Otros oficiales sugirieron concentrar todos los helicópteros disponibles y realizar un asalto aerotransportado contra Puerto Argentino, pero estas opciones no solo eran arriesgadas, sino que faltaban efectivos, y medios para desplegar a los ya disponibles, para permitir un ataque frontal.

 
     
 

La partida del Grupo R y la decisión final

 
 

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El HMS "Fearless" fue el buque seleccionado para las reuniones del 10 y 13 de mayo en donde se definió el plan definitivo que llevaría al asalto anfibio. (Foto: Archivos Dintel GID)

El Grupo R partió hacia el sur el 8 de mayo, pese a ello, los trabajos de planificación continuaron, Woodward esperaba que la decisión tomada fuese la mejor. Los mapas marcados por el mayor Southby – Tailyour mostraban cerca de 40 bahías donde era posible realizar un desembarco en las islas Malvinas, evaluando la posibilidad de hacerlo en la isla Soledad (East Falkland) o Gran Malvina (West Falkland).
Lentamente el Grupo R comenzaba a volver a la primera opción planteada, un desembarco en San Carlos, proyecto original presentado por el mayor Southby – Tailyour.

 
 

Fue él quien les precisó que las aguas de allí permitirían la operación de grandes buques, por lo que, de inmediato, la Task Force envió una fragata a transitar el Estrecho de San Carlos para verificar que no se encontraran minas en la zona, dicha misión fue encubierta como un cañoneo contra las posiciones argentinas en las costas del estrecho. De inmediato, patrullas del SAS y el SBS, infiltradas en las islas a principios de mayo, fueron enviadas a San Carlos, donde descubrieron que la presencia argentina era inexistente o muy baja. Thompson recibió la información de las fuerzas especiales con gran sorpresa y alivio.
Los informes también indicaban que la artillería de campaña y los misiles antiaéreos podían ser rápidamente desplegados en las alturas que rodeaban la bahía. Asimismo estimaron, con una gran frialdad, que si el trasatlántico “Canberra” resultaba hundido, sus cubiertas superiores sobresaldrían del agua, permitiendo ser empleadas por los helicópteros.
En la reunión del 10 de mayo de 1982 a bordo del buque de asalto HMS “Fearless” el plan de operaciones para el desembarco en la bahía de San Carlos parece haber recibido el consentimiento general. Los hombres del Royal Army se mostraron aliviados de que los Royal Marines y la Royal Navy concluyeran definitivamente que este plan era el mejor para las operaciones. Una vez concluida la presentación preliminar, el plan fue presentado en Londres, dando rápidamente el visto bueno y dando la autorización a Woodward para su puesta en marcha.

 
     
 

“Caballeros. Órdenes”

 
 

El 13 de mayo, el brigadier Julian Thompsom, comandante de la 3ª Brigada Commando se encarga de dar la primera reunión sobre la operación “Sutton”, nombre código para la primera etapa de la reocupación de Malvinas por parte de las fuerzas británicas. Nuevamente la reunión se realizaría en la sala de guerra del buque de asalto anfibio HMS “Fearless”, que aún estaba rumbo a las islas. La reunión comenzó con una escueta palabra por parte de Thompsom: “Caballeros, órdenes”.
Fue el mayor Southby-Tailyour quien comenzó la reunión hablando a los comandantes de batallón sobre la geografía de Malvinas y qué podían esperar de ella. Durante los debates preliminares, el capitán Rowe, oficial de inteligencia del brigadier Thompsom, dio su informe sobre las posiciones y condiciones de las tropas argentinas en la isla, siendo seguido por segundo en la cadena de mando de Thompsom, el mayo Chester, que informaría las fuerzas aeronavales disponibles durante el desembarco. El celebro maestro de la operación anfibia sería el comandante Clapp, de la Royal Navy.
Poco antes Thompsom había sido puesto en conocimiento de ello y había recibido un informe principal para el desembarco del 3º Commando en San Carlos: “Misión: Para desembarcar en Puerto San Carlos, San Carlos y Bahía Ajax para establecer una cabeza de playa, con el objeto de montar operaciones ofensivas destinadas a recapturar las islas Malvinas. Diseño para la batalla: un asalto nocturno silencioso con lanchas de desembarco con el objetivo de asegurar el terreno elevado para las primeras luces”. Reunido individualmente con sus comandantes de unidad, los interiorizó en los roles que debían seguir en el desembarco.

 
     
 

El Plan

 
 

Este se realizaría por etapas, en la primera de ellas, elementos del SBS llegarían a las playas, las asegurarían y procederían a señalizarlas para las lanchas de desembarco que llegarían a continuación.
Posteriormente llegaría la Primera Oleada, compuestas por el 40º y el 45º Commando, el primero, proveniente del RFA “Canberra”, desembarcaría en “Blue Beach”, en San Carlos, mientras que el 45º Commando desembarcaría en “Red Beach”, sobre Bahía Ajax, proveniente del RFA “Stromness”.
La segunda oleada consistía en los 2º y 3º Batallones de Paracaidistas, el primero, partiendo desde el RFA “Norland”, desembarcaría sobre “Red Bay”, rebasaría al 45º Commando y aseguraría el monte Sussex, previniendo cualquier ataque argentino desde Goose Green. El 3º Paracaidista,  desde el RFA “Canberra”, desembarcaría en Green Beach para asegurar San Carlos.

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En Ascensión los buques británicos realizaron los movimientos de carga necesarios para organizar las bodegas de los buques y prepararlos para el desembarco. La apresurada partida desde Gran Bretaña habían hecho que los buques sean cargados sin ninguna planificación para el desembarco y la estancia en esa base permitió dejar todo en condiciones para las acciones anfibias. (Foto: Archivos Dintel GID)

 
 

El 42º Commando quedaría a bordo del RFA “Canberra” como reserva, mientras que el D Squadron del SAS debería realizar una acción de diversión, siendo infiltrados desde el HMS “Intrepid”, para hacer pensar a los argentinos en Pradera de Ganso que estaban siendo sometidos a un asalto frontal por una fuerza británica de gran entidad.

 
 

Fuentes:

Este artículo fue realizado por Marcelo J. Rivera en base a la información obtenida en los siguientes medios:

      • Archivos Dintel GID
      • Britains Small Wars – www.britains-smallwars.com
      • La Guerra Secreta por las Malvinas, los Exocets y el espionaje internacional (Nigel West, Editorial Sudamericana, 1997)
      • La Guerra de las Malvinas, Edición Británica Nº 10 y Nº 11 (EFR, 1986)
 
     
 

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