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DESEMBARCO!!! continuación |
Por:Marcelo Rivera |
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El 3º Batallón Paracaidista desembarca en “Green Beach” |
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El 3º Batallón Paracaidista debería desembarcar desde el HMS “Intrepid” y alcanzar las playas cercanas a Puerto San Carlos. La playa no había sido reconocida por los SBS, por lo que se carecía con exactitud sobre la profundidad y los obstáculos existentes en la misma, lo que motivó que desde el primer LCU los tripulantes testearan con una barra la profundidad. Este error produjo serios contratiempos, tras descubrirse un banco de arenas a unos 50 metros de la playa, lo que le imposibilitaba continuar, por lo que los oficiales se vieron obligados a improvisar. Los paracaidistas estaban alertados de la presencia de fuerzas argentinas en la zona, las cuales habían sido aferradas por el SBS durante la madrugada, sin embargo, desconocían la presencia de los hombres del 1ºTte. Esteban, que habían iniciado el repliegue minutos antes de su arribo, pero corrían el riesgo de que se produjera alguna escaramuza.
La Compañía B recibió la orden de saltar y vadear hasta la playa, lo que generó muchas molestias a sus hombres, que traerían consecuencias a lo largo de la campaña, mientras que la Compañía A debería hacer trasbordo, ya que su LCU había quedado inmovilizado en el banco de arena y no había otra manera de que los paracaidistas llegasen a la playa. Finalmente, la Compañía C tocó tierra, no solo que no estaba previsto que lo hiciese en primer orden, sino que lo hizo a un kilómetro desde donde se había previsto que lo hiciera. Sin embargo, sus hombres desembarcaron directamente sobre la playa y no se mojaron, algo que según el mayo Osborne justificaba la caminata ya que el desembarco en seco era muy bien recibido por sus hombres.
Mojados y con mucho frío, las tropas de la Compañía B establecieron un perímetro defensivo, cuando llegó la Compañía A, esta superó el perímetro y se dirigió al caserío de Puerto San Carlos a establecer contactos con los lugareños y revisar la zona de cualquier potencial presencia de tropas argentinas en el lugar. Para cuando arribó la Compañía C, el coronel Hew Pike, comandante del batallón, ordenó que se alistaran patrullas de las Compañías A y C para ir en búsqueda de los elementos del EC “Güemes” en la zona, tal y como lo había ordenado el brigadier Thompsom.
Hasta el momento, los británicos suponían que la “Pandilla de Fanning Head”, el EC “Güemes”, se mantenía en las posiciones que había atacado el SBS durante la madrugada y, pese a los avisos de algunos pobladores locales, no identificaron que el grueso de la fuerza argentina había emprendido su retirada del caserío minutos antes de su arribo a Puerto San Carlos. Recién a las 0840 horas observaron algunos movimientos argentinos en las cercanías, sin embargo no se despacharon inmediatamente las patrullas en su búsqueda hacia el Oeste, pero si se enviaron hacia Fanning Head donde se había tenido contacto efectivo con los argentinos.
Aproximadamente el 26 de mayo, los paracaidistas de las patrullas británicas en esa zona sufrieron el primer incidente de fuego amigo de la guerra. Mientras una de las patrullas británicas perseguía a los elementos del subteniente Reyes, que escapaban del combate de Fanning Head, los argentinos pasaron muy cerca de otra patrulla británica que venía de regreso. Cuando los argentinos lograron tomar una cubierta adecuada pudieron observar un intenso tiroteo, y explosiones de mortero, sin embargo el fuego no se dirigía contra ellos, lo que les permitió mantenerse indemnes, pero al cabo de una hora pudieron observar que los combatientes hablaban entre sí a los gritos y haciendo ademanes con los brazos. Poco tiempo después aparecieron dos helicópteros, los británicos se habían emboscado unos con otros y habían sufrido nueve heridos, dos de ellos graves. El mismo coronel Pike arribó a la zona del incidente y casi muere cuando el helicóptero por poco se estrella en la zona. Los problemas del 3º Batallón no habían cesado, los hombres de la Compañía B tenían algunos casos de hipotermia y la situación del resto les impedía poder cambiarse la vestimenta mojada, lo que al correr de los días les produjo algunas bajas debido a problemas de salud en muchos de sus hombres. |
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Los movimientos argentinos |
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Para cuando se preveía lanzar el desembarco sobre San Carlos, los argentinos tenían apostados allí una pequeña unidad de combate como avanzada, siendo la única unidad argentina en enfrentar a los británicos tras su desembarco en condiciones bastante desfavorables. Dicha unidad estaba compuesta por el Equipo de Combate “Güemes”, que alineaba a la 3ª Sección (Compañía C) del Regimiento de Infantería 25, más la Sección Antitanque del Regimiento de Infantería 12. Los efectivos, que sumaban poco más de 60 hombres, disponían de dos morteros de 81 mm y dos cañones sin retroceso de 105 mm como armas de apoyo, lo que sin duda no había gustado nada al jefe de la guarnición en Darwin – Pradera de Ganso, que perdía 60 valiosos hombres y la mitad de sus armas de apoyo ante un eventual ataque británico en esa zona. |
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Pequeñas lanchas LCVP comienzan a trasladar tropas a la playa ya avanzada la mañana, al fondo pueden apreciarse los helicópteros que le permitirían explotar la cabeza de playa y adelantar sus movimientos. (Foto: Archivos Dintel GID) |
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El jefe del equipo era el teniente 1º Esteban, quien fue transportado, junto a sus hombres, hasta Puerto San Carlos a bordo de dos helicópteros CH-47C y un Bell 212 de la FAA, destacados en BAM “Calderón”. El transporte se había previsto para el día anterior, sin embargo se retrasó hasta la mañana siguiente, lo que dio tiempo a que los británicos interceptaran las comunicaciones. Cuando el EC “Güemes” llegó a su zona de despliegue, un equipo de cuatro comandos SBS británicos informaron sobre su llegada, aunque no dieron precisión sobre su dispositivo. En las comunicaciones interceptadas, los británicos marcaron a la unidad argentina como EC “Hermes” (4) y pronto esta revolucionaría los planes del brigadier Thompsom. La presencia de la unidad argentina hizo pensar a los planificadores birtánicos pensaran que los argentinos habían descubierto el sitio del desembarco británico, por lo que se debió reorganizar el plan de asalto de manera acelerada, lo que determinó una serie de modificaciones sobre el plan original, el cual ya no le agradaba demasiado al brigadie Thompsom y el cual sería cada vez más complejo debido a las intromisiones políticas.
Lo que más preocupó a Thompsom ese 15 de mayo fue que la unidad había llegado en tres helicópteros, dos de ellos eran los gigantescos CH-47C “Chinook”, lo que podría suponer que los argentinos querían apostar una gran fuerza en la zona, aunque no había reportes de nuevos despliegues helitransportados. Sin embargo, la plana mayor todavía tenía serias dudas sobre la cantidad de hombres en la zona y las letras “EC” en el nombre de la fracción argentina los habían desconcertado. No fue hasta el día siguiente que el capitán Rod Bell, que oficiaría de intérprete de habla hispana, sugirió que las letras “EC” podrían significar “Equipo de Combate” y que, de ser así, estaría compuesta por menos de una Compañía. Más aliviados ante la eventualidad y solicitando una vigilancia sobre el mismo, los planificadores británicos reorganizaron el desembarco y reescribieron las órdenes originales debido a que se requería enfrentar a un enemigo, tal vez insignificante, pero cuya presencia traería sus consecuencias si no se le atendía. |
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Sin embargo, las órdenes impartidas al EC “Güemes” eran las de ubicar todo su personal en la Altura 234, conocida como Fanning Head, ya que desde allí se tendría una vista clara sobre las aguas del Estrecho y un mayor campo de tiro para sus armas. Tras el reconocimiento del sector, el 1ºTte. Esteban decidió que el grueso de la fuerza se mantendría en el caserío de San Carlos, mientras que en la elevación sólo quedaría el personal necesario para dar la alarma en caso de novedades, procediendo a una rotación cada 24 horas. Se decidió mezclar la tropa de ambos regimientos y dividirla en partes iguales, mientras un equipo descansaba en el poblado, el otro permanecería de guardia, aunque los encargados de las armas tendrían poca rotación.Durante la noche del 21 de mayo, cerca de las 0230 horas, se inicia un bombardeo sobre la zona de operación del subtte. Reyes, éste de inmediato se comunica con el 1ºTte. Esteban para informar la situación, pero tras la primera comunicación no hubo más contacto. El nerviosismo iba en aumento y lo peor era que Esteban esperaba la llegada de algún mensajero informando la situación del grupo de Reyes, pero esto no ocurrió y la situación se mantuvo en máxima alerta. |
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Paracaidistas británicos reunidos en San Carlos antes de continuar el avance. La llegada de las fuerzas paracaidistas de los 2º y 3º Batallones fue un caos, los comandos SBS no esperaban al 2º Batallón hasta el día 24 de mayo, en tanto que no se había realizado ningún reconocimiento sobre las playas en las que operaría el 3º Batallón, generando una serie de dificultades y retrasos en el desembarco. (Foto: Archivos Dintel GID)
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No fue a las 0810 horas que el EC “Güemes” obtuvo contacto visual con el enemigo, uno de los soldados que se encontraba en un puesto de observación se encargó de informar personalmente al teniente primero Esteban de la presencia de los británicos en San Carlos, luego de un vistazo general, y corriendo hacia donde se encontraba el resto de la fuerza de combate, el oficial ordenó formar dos equipos, uno comandado por Esteban y otro por el subteniente Vázquez. Esteban pensaba replegarse ordenadamente, esperar a la fracción del subtte. Reyes y tratar de no tener contacto con el enemigo, amparándose en las elevaciones detrás de Puerto San Carlos y moviéndose a lo largo de la costa del río para tratar de alcanzar Pradera de Ganso. Apenas llegó a San Carlos se comunicó con el centro de mando de la III Brigada de Infantería, comentando lo que acaban de visualizar, sin embargo, el general Parada, a cargo de esa fuerza, solicitó más detalles sobre el desembarco inglés, a lo que Esteban solo agregó: “!Ya no tenemos tiempo, los ingleses están ahí nomás! – Agregando - ¡Acá se necesita un ataque aéreo!
Desde Puerto Argentino, el Comando de la III Brigada le informó que la petición de apoyo directo debería ser realizada por el mismo Tte.1º Esteban directamente a San Julián, en territorio continental argentino. Logrado, afortunadamente, el contacto con el continente, desde la BAM San Julián se le solicitaron coordenadas, pero ya no había más tiempo que perder, había que abandonar la posición. Se destruyeron las radios, equipos electrógenos y cualquier material y documentos que suministraran inteligencia a los británicos. La fracción pronto se puso en marcha, llevarían su fusil, municiones, una manta y un poncho impermeable, la idea era tomar posiciones en las posiciones elevadas y mantener una defensa el suficiente tiempo como para que fuesen enviados los refuerzos necesarios desde Puerto Argentino, compuesto por una Compañía que sería transportada en helicóptero, según lo que estaba previsto originalmente.
Media hora después, cerca de las 0840 horas, el EC “Güemes” estaba sobre las elevaciones de la ciudad y pudo observar la llegada de los soldados británicos a la zona. En ese momento, sus hombres descubrieron un helicóptero “Sea King” que transportaba carga a la eslinga, ante esta situación, el Tte.1º Esteban ordenó “¡Cubierta contra la vista aérea!” y pronto sus hombres se tiraron sobre el terreno y buscaron la protección del terreno. A poco más de cien metros de distancia de ellos apareció el helicóptero y se dio la orden de disparar, un nutrido fuego de fusiles comenzó a atacar al helicóptero, que recibió algunos impactos antes de abandonar apresuradamente la zona y replegarse hacia Puerto San Carlos, donde la aeronave hizo un aterrizaje de emergencia bastante brusco. En ese momento, desde el caserío de la localidad los soldados británicos comenzaron a disparar en contra de las tropas argentinas, siendo dirigidos por uno de los lugareños que durante los días anteriores había confraternizado activamente con los solados argentinos.
El helicóptero británico dañado se encontraba transportando el equipamiento necesario para la instalación de un sistema antiaéreo “Rapier” en las elevaciones que bordeaban San Carlos. De hecho, ante la imposibilidad de asegurar las alturas, y ante la necesidad de defender el desembarco de eventuales ataques aéreos, los británicos optaron por mover estos sistemas antiaéreos a las alturas aseguradas por las tropas británicas, aunque aún no fuesen aseguradas completamente, y por ello los aparatos de transporte eran escoltados por helicópteros “Gazelle” armados de coheteras SNEB de 68 mm.
Mientras las tropas argentinas continuaban su repliegue, los helicópteros de escolta británicos hicieron su aparición. En principio, uno de los “Gazelle” apareció en su búsqueda cuando los infantes argentinos cambiaban de posición hacia otra loma, cuando el aparato se puso al alcance de las armas de la Sección, ésta abrió fuego concentrando el ataque sobre el aparato tras la orden dada por Esteban. Seriamente dañado, el aparato no pudo salir de la zona y cayó a aguas del río San Carlos, donde uno de los tripulantes, el sargento Ed Chandlish, salió del aparato y nadando tiraba del cuerpo de su compañero, el sargento Andy Evans, muerto en la acción, los soldados argentinos continuaron disparando sobre los dos hombres, pero sin alcanzarles. Pronto, Esteban ordenó reanudar la marcha, la fracción se movía en dos columnas separadas en unos cien metros, mientras una subía una pendiente y la otra columna bajaba otra pediente, un nuevo helicóptero “Gazelle” apareció y se puso en posición de disparo contra los soldados argentinos, pero nuevamente se dio orden de hacer fuego reunido y el helicóptero fue acribillado por los disparos. El aparato sobrevoló sin control la fracción dirigida por el subteniente Vásquez y se estrelló a unos pocos metros de distancia, mientras los soldados gritaban de júbilo continuaron disparando contra el aparato, produciendo la muerte de uno de los tripulantes que intentaba abandonar sus restos. En la acción murieron sus dos tripulantes, el teniente Ken France y el suboficial Pat Griffin, sus restos fueron rescatados del aparato y llevados al buque RFA “Sir Galahad” donde el 3º Brigade Air Squadron realizó los servicios funerarios de los tres hombres perdidos en acción ese día.
Ya sin continuar la formación inicial en dos columnas, los argentinos continuaron el movimiento cubiertos por una lomada, cuando descubrieron un cuarto helicóptero, otro “Gazelle”, al cual lo esperaron en una posición ventajosa, sin embargo, el subteniente Vásquez abrió fuego demasiado pronto y la aeronave solo recibió daños menores antes de retirarse cuando toda la fracción argentina concentró su fuego. El aparato se pegó a las aguas del río y logró salir de la zona, dicha aeronave presentó severos daños, con los cristales de la cabina destruidos, y quedó temporalmente fuera de servicio.
Ya sin más contratiempos, el EC “Güemes” continuó el repliegue de manera sostenida, pudiendo observar que ya los británicos tenían una numerosa fuerza de infantería en la zona, los cuales estaban ejecutando fuego de morteros contra ellos, aunque sin resultados efectivos. Ya lejos de los británicos, los soldados argentinos pudieron observar el sobrevuelo de un solitario avión argentino, que resultaría ser el aparato del capitán Owen Crippa, de la Aviación Naval. La retirada de la fracción del teniente 1º Esteban se prolongó hasta el 26 de mayo, cuando fueron recuperados por cuatro helicópteros UH-1H del Ejército Argentino, que los trasladó hasta Puerto Argentino.
En el aire, las acciones fueron de lo más variadas, pero las reacciones iniciales corrieron a cargo de cuatro de los seis aviones IA-58A “Pucará” de la BAM “Cóndor”, que despegarían para realizar misiones de reconocimiento ofensivo sobre el Estrecho de San Carlos. En la primera acción sólo un avión pudo despegar en el momento que el fuego naval caía sobre la base, pilotado por el mayor Benitez (A-531), el cual luego de realizar algunos vuelos sobre el Istmo de Darwin, donde se había registrado el combate con los comandos en la madrugada, no encontró ningún rastro británico hasta que tomó cierta altura y pudo divisar un barco británico sobre el estrecho. A las 0930 y cuando sobrevolaba las laderas del cerro Alberdi, para poder acercarse a los británicos sin ser descubierto, fue derribado por un misil FIM-92A “Stinger” lanzado por comandos británicos.
Tras el derribo del “Pucará” de Benitez, la BAM “Cóndor” ya había podido despachar una nueva incursión de reconocimiento ofensivo, dos aviones despegaron armados con cohetes y munición completa de cañón y ametralladoras, entre los objetivos se atacaría una casa abandonada que podría ser empleada por los comandos británicos para dirigir el fuego naval. Poco después, sobrevolando el lugar del derribo de Benitez, son atacados, sin éxito, por misiles antiaéreos, pero cuando retornaban para atacar las posiciones terrestres, son interceptados por tres cazas “Sea Harrier”, lo que produjo el derribo del líder de la formación argentina, el mayor Tomba (A-511), que debió eyectarse.
Eran cerca de las 1010 horas cuando el avión MB-339 (4-A-116) de la Aviación Naval, pilotado por el capitán Guillermo Owen Crippa, se encargaría de realizar el primer reconocimiento sobre San Carlos, allí no solo pudo registrar la magnitud de las operaciones británicas, sino que también tuvo tiempo suficiente para disparar sus cañones y ocho cohetes de 127 mm contra la fragata HMS (F-56) “Argonaut”, causándole daños leves, pero volviendo a casa con valiosísima información sobre las fuerzas británicas. En tierra, los puestos de observación, principalmente el Puesto Roca, pudo transmitir información sobre los movimientos británicos en la costa, que sería muy útil para coordinar las cerca de doce incursiones que fueron lanzadas por la Fuerza Aérea Argentina y el Comando de Aviación Naval durante ese día en contra de los buques británicos en San Carlos (5). Sin embargo, el desembarco continuaba sin pausa.
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El combate de la Altura 234 (Fanning Hill) |
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La cabeza de playa está afianzada en Bahía Ajax, grandes LCU desembarcan maquinaria vial, camiones de 2 toneladas, jeeps Land Rover y toneladas de provisiones, combustible y municiones. Sin haber sufrido ataques aéreos o contraataques terrestres, los británicos pudieron asegurar la zona de desembarco sin interferencias que pudieran poner en riesgo la peligrosa situación inicial. (Foto: Archivos Dintel GID) |
Cuando las tropas del EC “Güemes” arribaron a Puerto San Carlos, el subteniente Reyes, del Regimiento de Infantería 12, recibió la orden de desplegar sus armas sobre la Altura 234 y mantener la vigilancia sobre el estrecho. La tropa allí desplegada había logrado formar algunas posiciones defensivas bastante eficientes en el lugar, tras haber arribado a la misma el día 18 de mayo. Las tropas británicas suponían que la unidad del subteniente Reyes era, en efecto, el EC “Hermes” que había sido sondeado mediante SIGINT desde el día 18, cuando las cosas se habían complicado en la planificación. De inmediato, el brigadier Thompsom designó que 36 hombres del SBS se encargara de atacar la posición, como se suponía que había más de dos secciones de infantería argentina, se determinó que los comandos británicos tuviesen el armamento suficiente para que aparentara que estaban sometidos al fuego de un Batallón completo. |
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De esta manera se distribuyeron doce ametralladoras MPMG L-7A1, la versión británica de la ametralladora MAG, lanzacohetes M-66 LAW y morteros de 60 mm, además de los fusiles SRL, versión semiautomática del FAL. Se entregaron, también, gran cantidad de equipos de visión nocturna y una importante cantidad de municiones, con el objeto de dar una buena autonomía de combate a esos elementos en caso de que el combate se prolongara, momento en el que deberían aferrar al enemigo hasta que arribaran los hombres del 3º Batallón Paracaidista, que en los cambios de planes ahora deberían asegurar Puerto San Carlos.
Las tropas argentinas eran conocidas por los británicos como “La pandilla de Fanning Head” y deberían ser atacadas durante el amanecer antes de que se iniciara el desembarco para que no hubiese ninguna alarma anticipada. Por tal motivo, a los SBS se les agregó el capitán Rod Bell, que como intérprete de habla hispana se encargaría de llamar a la rendición a los soldados argentinos, para así reducir el elemento sin combatir prolongadamente. La unidad de SBS y el ataque a la posición argentina estaría comandada por el capitán Hugo McManners.
Pasada la medianoche del 21 de mayo, el destructor HMS (D-18) “Antrim” envió su helicóptero “Wessex” HAS.Mk.3 a reconocer la posición de las tropas argentinas. El helicóptero, que había sido esencial en la operación de recaptura de las islas Georgias y el ataque contra el submarino S-21 “Santa Fe”, había sido apresuradamente modificado con un equipo de imágenes térmicas durante las primeras semanas de mayo. Su función sería la de reconocer la posición argentina, grabar las imágenes y volver al buque para que McManners y su equipo pudieran organizar el ataque en base a lo visto.
Poco antes de las 0145 horas, los 35 hombres asignados al ataque embarcaron con todo su equipo a bordo del helicóptero “Sea King” que se les había asignado para el desplazamiento. La poca disponibilidad de aeronaves obligó a cargar todo el personal y equipo en ese aparato, el cual no alcanzó a despegar de la cubierta del D-18 “Antrim”. Tras una breve discusión entre el piloto y McManners, se procedió a redistribuir carga y personal, mientras que el piloto informaba que el previsto vuelo de diez minutos supondría un mayor consumo de combustible ante el exceso de peso, los hombres finalmente se arreglaron y el helicóptero despegó trabajosamente de la cubierta del destructor rumbo a su objetivo. Su travesía acabó a unos 2.500 metros del objetivo, cuando el piloto informó que no continuaría más allá de ese punto, con cierto disgusto, los cargados comandos británicos comenzaron a caminar trabajosamente hacia donde se había previsto iniciar el ataque, aunque el capitán McManners ahora decidió atacar la posición sin seguir el plan original.
Por su lado, los argentinos estaban ya acostumbrados a los movimientos nocturnos británicos, principalmente de los helicópteros, que eran constantemente escuchados durante la noche, pero no había indicios de movimientos mayores. Poco después de las 0200 horas del 21 de mayo, la tropa argentina comenzó a escuchar ruidos de lanchas en el Estrecho. La guardia de la posición se puso en alerta y de inmediato el cabo Torres corrió para despertar a los cabos Sánchez y Godoy, solo pudieron observar una luz roja intermitente, sin embargo, el viento traía voces y éstas hablaban en inglés. Mientras trataban de mantener la observación lograron percibir el vuelo de helicópteros sobre Puerto San Carlos. En esa situación, Sánchez se dirigió a la carpa del subteniente Reyes, mientras que Torres y Godoy se harían cargo de los dos cañones sin retroceso. Ya informado de la situación, Reyes ordenó a sus soldados que prepararan su equipo aligerado y pronto se reunieron con él, muchos de ellos ya se habían acercado cuando comenzaron a escuchar los primeros rumores del desembarco, por lo que la pequeña fracción tenía el grueso de sus hombres en alerta.
Reyes tenía pensado abrir fuego con los cañones sin retroceso, sin embargo estas armas emitirían unos fogonazos demasiado evidentes y atraerían el fuego de supresión británico, por lo que optó por alistar los dos morteros de 81 mm, que eran mucho más discretos.
Las armas estaban prestas y sus jefes recibieron la orden de disparar proyectiles iluminantes, pero una soberbia puteada se hizo escuchar cuando las municiones cayeron en las aguas de San Carlos sin haberse encendido. Las condiciones en las que habían sido almacenadas en los últimos seis días habían afectado seriamente sus prestaciones, de igual manera se ordenó disparar a ciegas sobre el río, tal vez se podría tener algún éxito y causar algún inconveniente a las fuerzas británicas. Los proyectiles, al parecer, cayeron justo sobre la línea desde donde se iniciaban las operaciones de desembarco, siendo posible que algunas explosiones hayan afectado a los lanchones de desembarco británico, por lo que dieron a entender algunos oficiales británicos que interrogaron al subteniente Reyes.
A las 0215 horas el capitán McManners se comunica con el D-18 “Antrim” para que abriera fuego con sus cañones sobre las posiciones argentinas, ya que los SBS aún se encontraban a unos 900 metros del objetivo y el desembarco se había iniciado, el retraso podría dejar la maniobra de distracción sin objeto. Desde el “Antrim” se informó que su cañón se había atascado y que no estaría operativo por un lapso prolongado, por lo que se decidió que se abriera fuego con los morteros de 60 mm mientras sus hombres completaban el despliegue sobre la posición argentina.
Mientras los británicos se desplegaban en la oscuridad y alistaban sus morteros, los argentinos ya estaban en máxima alerta. El subteniente Reyes ordenó al soldado Fraire que se dirigiera hasta la radio y se contactara con el 1ºTte. Esteban para informar lo que estaba teniendo lugar, pero fue imposible, las baterías estaban prácticamente agotadas. Para entonces, los morteros ya estaban cayendo sobre el puesto de comunicaciones y Fraire recibió la orden de regresar.
Cuando el bombardeo de los morteros continuaba sobre la posición argentina, el subteniente Reyes ordenó formar dos grupos, uno con el personal del Regimiento 12 y otro con el del Regimiento 25, para entonces, sus dos morteros de 81 mm habían agotado sus municiones y estaban enterrados por encima de su placa base, quedando fuera de servicio. Reyes inició el repliegue de sus hombres para tratar de contactar al resto del EC “Güemes” y en medio de las dos columnas cayó un proyectil de mortero que no alcanzó a estallar, más adelante cayeron más proyectiles, los británicos estaban acertando su fuego.
Este fuego fue tan efectivo que los argentinos sufren su primera baja, el soldado Miguel García resultó herido, informando de su situación alegó que se quedaba. Cuando se procedía a atenderle, las explosiones provocaron otra baja, el soldado Agustín Aquino. Las heridas de ambos eran leves, pero habían sido en sus piernas y no podían moverse. En ese momento Reyes comprendió que estaban emboscados por las tropas británicas y ordenó que la fracción se preparara para romper el cerco mediante una acción ofensiva.
Reyes preparó un grupo de seis hombres, compuesto, entre ellos por el sargento Colque y los soldados Cepeda y Bergero, buscaría alcanzar la altura próxima, rodearla y sorprender a los británicos por uno de sus flancos, en tanto que ordenó a los cabos Godoy y Sánchez que se evadieran con el resto de la fracción hacia Puerto San Carlos para unirse al 1ºTte. Esteban e informarle de la situación. Los dos heridos quedarían bajo la custodia del cabo Torres, habiéndose puesto al resguardo de unas rocas que había en el lugar. A las 0430 horas, los comandos SBS fueron informados que los cañones del D-18 “Antrim” estaban disponibles, por lo que el capitán McManners ordenó disparar dos salvas de veinte proyectiles sobre las posiciones argentinas. Los comandos habían ocupado la posición, pero las tropas argentinas no estaban allí, se habían escabullido y los informes de las interceptaciones radiales daban a entender que el subteniente Reyes había logrado dar alguna noción sobre las acciones británicas en San Carlos. Los comandos habían ocupado la posición, pero las tropas argentinas no estaban allí, se habían escabullido y los informes de las interceptaciones radiales daban a entender que el subteniente Reyes había logrado dar alguna noción sobre las acciones británicas en San Carlos, ante la situación, los SBS continuaron la persecución. Reyes logró que la retirada de su equipo no fuera descubierta, pero encontró que la base de fuego británica estaba lejos de la posición que esperaba atacar, y es en ese momento que escuchan que el capitán Bell intimaba a la rendición de los efectivos hablando en castellano en las inmediaciones. Agotados y con unas condiciones físicas deficientes en sus soldados debido a la situación previa a la llegada británica, Reyes decidió detenerse para que descansaran un poco, mientras ordenó al sargento Colque que realizara un reconocimiento de la zona, este suboficial era Comando, y es por ello que había sido seleccionado por Reyes desde un primer momento. Colque se llevó con él al soldado Bergero y pronto subieron una ondulación y esperaron al resto de la fracción, pero como Reyes no llegaba, el sargento decidió continuar solo el reconocimiento y ordenó al soldado Bergero tomara otro camino, para así tratar de encontrar al resto del pequeño grupo, algo que este soldado logró tiempo después.
Ante la inminente llegada de las primeras luces, el subteniente Reyes ordenó abandonar la posición y dio por perdido al sargento Colque, que afectado por las explosiones del fuego británico fue capturado por los británicos horas después. Descendiendo de la posición en la que se habían refugiado, las primeras luces de la mañana revelaron a la fracción argentina la magnitud de la operación británica en San Carlos.
Mientras aquello tenía lugar, los suboficiales Godoy y Sánchez continuaron dirigiendo la retirada del grueso del equipo del subteniente reyes hacia Puerto San Carlos. Mientras se replegaban las primeras luces cortaban el horizonte y lograron observar elementos de infantería británicos en las inmediaciones. Godoy se comunicó con el subteniente Reyes a través de una radio portátil a quién informó de la situación, de inmediato la respuesta fue lograr una evasión del enemigo. Los dos suboficiales analizaron la situación, el volumen de fuego del que hacían gala los británicos era considerable, a la vez que dominaban una posición elevada. La única alternativa era retroceder, rodear la elevación en la que los británicos se habían hecho fuertes y evadirse superando la oposición, de ser posible sin combatir.
Godoy comandó a su grupo de soldados, harían un movimiento por saltos, mientras unos se movían, otros los cubrían haciendo fuego hacia los británicos. Estos hombres lograron alcanzar la cima de la elevación, sin embargo, uno de los soldados del grupo de Sánchez fue herido en un muslo, poniéndolo al resguardo y ante la disyuntiva de dejar al herido para que fuese capturado y atendido por los británicos, el cabo Sánchez finalmente optó por dejar al soldado Plácido Peralta y tratar de salvar la vida de los dos soldados que estaban aún bajo su mando. La situación ya no era la óptima, los hombres del cabo Godoy habían ya avanzado bajando la loma, mientras que Sánchez ya estaba bajo la luz del día y en una posición desventajosa, con helicópteros británicos moviéndose en las inmediaciones. Los cuatro hombres pronto observaron una patrulla británica acercándose y segundos después al capitán Bell intimando la rendición en castellano. El suboficial ordenó a sus soldados levantarse con las manos en alto y arrojar lejos sus fusiles, cayendo en manos de los SBS que insistentemente preguntaban, a través del capitán Bell, dónde se encontraba su jefe. Los británicos suponían que el grueso del Equipo de Combate “Güemes” estaba al mando del subteniente Reyes, que era la única “cara conocida” de la “Pandilla de Fanning Head”, aunque no lograron obtener más información que respuestas vagas por parte de los prisioneros, tras no obtener más información preguntaron por los heridos, por lo que un médico procedió a atender al soldado Peralta, quién recibió una tableta de chocolate y una lona de identificación para que fuese evacuado por helicóptero.
Para ese entonces, el grupo del cabo Godoy tenía ante sí el espectáculo del desembarco británico en San Carlos, pocos minutos después logró contactar al subteniente Reyes, que le indicó el camino a seguir para llegar hasta su posición. Reunido ya prácticamente todo el grupo, los hombres procedieron a refugiarse en un pozo que apenas permitía que se acomodaran todos. No podían dirigirse hacia San Carlos, ya que a juzgar por las explosiones de mortero y el fuego de armas ligeras que había observado era muy probable que los hombres del 1ºTte. Esteban estuviera prisioneros después de un prolongado combate. En medio del análisis de situación, un helicóptero británico apareció y los descubrió, lo que motivó que el pequeño grupo apuntara sus armas contra el aparato, sin embargo, y tal vez alertado por los anteriores derribos por parte de los elementos del 1ºTte. Esteban, los británicos se escabulleron. El subteniente Reyes ordenó cambiar la posición y corriendo por varios minutos alcanzaron la posición que habían ocupado horas antes, previendo que el enemigo no los buscaría allí. Los once hombres comandados por Reyes lograron pasar todo el día sin ser descubiertos, cuando la noche llegó, los argentinos abandonaron su posición, refugiándose de día y caminando de noche, siendo la tercer noche de evasión cuando se produjo el incidente en que patrullas del 3º Batallón Paracaidista británico se emboscaron unas con otras, donde sufrieron nueve bajas, dos de ellas de gravedad. La evasión de los hombres de reyes, incluyendo tres bajas por congelamiento, se prolongó hasta el 11 de junio, fecha en que fueron capturados. |
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Los comandos anfibios |
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El 23 de mayo, un equipo de diez Comandos Anfibios, que estaban agregados al Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5), recibió la orden de dirigirse hacia la zona de San Carlos y realizar misiones de inteligencia. Transportados en dos helicópteros UH-1H del Ejército, los hombres desembarcaron en las inmediaciones de Chata Hill, debiendo completar el movimiento a pié hasta sus posiciones. Los hombres debían tomar posiciones y establecer un Puesto de Observación, obtener toda la información posible, transmitirla y retornar hacia sus posiciones iniciales, en helicóptero, para ampliar el panorama. Sin embargo, las comunicaciones eran problemáticas, no solo podían ser escuchadas, trianguladas y descubiertas por los británicos, sino que incluso no tenían el alcance suficiente para contactarse con la base de operaciones.
De inmediato, el suboficial a cargo del grupo de comandos, Miguel Ángel Basualdo, optó por realizar una acción más arriesgada, dejaría un equipo de cinco hombres en el puesto de observación, y otro equipo de cinco hombres se quedaría en la zona manteniendo la vigilancia, posteriormente se trataría de contactarlos para que mantengan informada la situación y actualizaran los informes sobre la cabeza de playa. |
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No fue hasta una semana después del desembarco que los británicos lograron que el sistema logístico estuviese lo suficientemente organizado como para garantizar operaciones hacia el interior de la isla. Si el brigadier Thompsom no estaba de acuerdo con desembarcar en San Carlos debido a la lejanía del objetivo final, Puerto Argentino, el que se le encomendara atacar Goose Green, así como la pérdida del material logísitico y los helicópteros en el hundimiento del MV "Atlantic Conveyor", supondría un durísimo revés y un serio dolor de cabeza para sus planificadores. (Foto: Archivos Dintel GID)
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Basualdo se replegó con cuatro hombres (Márquez, Carrasco, Ozán y Basilli) y toda la información que se había recopilado entonces, debían alcanzar el primer punto de extracción previsto con los helicópteros del Ejército, pero éste no llegó. Posteriormente intentaron encontrar un depósito de comida y agua que habían dejado escondido, pero la posición estaba controlada ya por las patrullas británicas, para entonces, los comandos argentinos estaban detrás de las líneas enemigas y corrían graves riesgos de ser descubiertos. Reanudando la marcha, el equipo se dirigió hacia el segundo punto de extracción previsto con los helicópteros, pero nuevamente los helicópteros no hicieron su aparición. Fueron seis horas de caminata, había mucha neblina y el frío era intenso, los comandos llegarían a Puerto Argentino a pié. La caminata se prolongo bastante y pronto comenzaron los inconvenientes, avistaron una patrulla británica el segundo día de caminata, aunque no fueron vistos por éstos, el enemigo estaba allí, el tercer día llegaron a una estancia, Márquez y Carrasco se aproximaron e hicieron una observación del objetivo mientras el resto del equipo esperaba, tenían órdenes de continuar si los dos hombres no retornaban. Cuando no se observó novedad, Carrasco se acercó a la estancia, pero no volvió, fue capturado por los británicos, Márquez luego pudo observar dos infantes en motocicletas que andan en los alrededores. Continuó caminando y finalmente se encontró con el resto del equipo que continuaba su camino. Finalmente contactaron con comandos del Ejército, en misión de inteligencia también, y luego a los propios elementos del BIM 5, incluyendo elementos de ingenieros que minaban las posiciones defensivas. De inmediato procedieron a establecer contacto con Puerto Argentino, dieron un detallado informe de lo observado y de la situación del equipo que se mantenía haciendo inteligencia y que necesitaba enlace radioeléctrico. No pudieron ser evacuados en helicópteros y finalmente alcanzaron Puerto Argentino gracias a un mapa obtenido de una revista para niños.
El resto del equipo que permanecía en San Carlos se ubicó en la zona de Monte Verde, los enlaces radiales se lograron a través de Darwin y Pradera de Ganso, lo que permitió actualizar la información que la primera fracción llevaba hacia Puerto Argentino. Sin embargo, pese a los cambios de posición, el segundo equipo, comandando por el capitán (traductor) Camilleti y los suboficiales Alvarado, Pereira (enfermero), Verón y López, terminó siendo rodeado y capturado por una patrulla del 40º Commando cuando mantenían su posición entre unas piedras. Estos comandos fueron enviados inmediatamente hacia el cuartel general de la 3rd Commando Brigade, pues serían una gran fuente de inteligencia. En el interrogatorio, Camilleti informó que su misión era la destrucción de las defensas antiaéreas británicas, al no poder lograrlo procedieron a hacer inteligencia, y esto es lo que las fuentes británicas aún suponen que era su función. |
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La cabeza de playa |
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Tras poder desembarcar sin mayores interferencias, los británicos consolidaron la cabeza de playa en San Carlos. Para el 22 de mayo, los LCU y los helicópteros habían trasladado más de 2.000 toneladas de provisiones, equipos y materiales varios, las fuerzas de ingenieros y logísticas habían ya arribado y organizado las posiciones sobre Bahía Ajax, en tanto que el mayor número de vehículos Bv-202E “Snocat” había permitido acelerar los movimientos británicos en la zona de operaciones, enlazando a todas las unidades. Decenas de jeep Land Rover y camiones ligeros habían alcanzado la playa y se unían a sus unidades orgánicas que se desplegarían a primera línea, en tanto que los helicópteros comenzaban a trabajar arduamente no solo en misiones logísticas, sino también en las de trasladar las fuerzas de marines y paracaidistas hacia posiciones avanzadas, realizar patrullas y apoyar a las tropas en el afianzamiento de las posiciones defensivas donde fuese necesario.
Los argentinos habían concentrado el grueso de sus ataques aéreos sobre la flota británica, sin embargo sus principales blancos fueron las fragatas y no los buques de asalto anfibio y transportes, que ya para la mañana del 22 de mayo sumaban más de una veintena. De haberse organizado algunas incursiones sobre la cabeza de playa durante las primeras horas del 21 de mayo, los más probable es que el desembarco británico hubiese sufrido un retraso en extremo perjudicial, principalmente porque la Fuerza Aérea Argentina estaba muy bien capacitada para las misiones de ataque e interdicción sobre blancos terrestres, que en este caso, eran prácticamente fijos, y donde las bombas efectivamente iban a provocar gravísimos daños, al menos con mayor probabilidad que en los ataques contra los buques británicos. Sin duda, fue la principal muestra de falta de coordinación y asesoramiento que sufrió la cadena de mando argentina durante un momento en el que los británicos estaban en una posición frágil. |
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Referencias
- Publicado en el libro “Halcones sobre Malvinas” ( paginas 127-128).
- Solo se pudieron obtener dos fuentes de información sobre este suceso por parte del lado argentino, siendo estas los libros “Halcones sobre Malvinas”, que contiene información algo exagerada y que muchas veces complica su correcta interpretación histórica, y el libro “Pradera de Ganso (Goose Green) Una Batalla de la Guerra de las Malvinas”, con excelente información y muy bien documentada, ambos mencionados como fuentes del presente artículo.
- Según lo previsto, si el código mostraba “Alfa” significaba “playa segura”, si se emitía “Bravo” significaba “Precausión”, si las luces mostraban “Charly”, significaba que el enemigo estaba en la playa, mientras que si no habían luces, el enemigo ocupaba la playa.
- “GO” (Vamos!) era la orden que los paracaidistas utilizaban para saltar del avión que los transportaba. Oportunamente, el oficial, interpretó que “Tropas Fuera” (Troops Out) era la palabra similar e inmediatamente la utilizó con sus hombres.
- El “Centurión” BARV era un versión de apoyo al desembarco, en Malvinas se emplearon dos de ellos para transportar y desplegar rollos de tubos de aluminio, llamados “fajinas”, que se convertían en caminos improvisados para vehículos ligeros, además de realizar otras misiones de apoyo.
- Tal vez la dificultad británica de pronunciar la palabra “Güemes” le llevó a la determinación de usar la palabra “Hermes” para identificar a dicha unidad argentina.
- Ver “San Carlos, el Callejón de las Bombas”.
Fuentes
Este artículo fue escrito por Marcelo J. Rivera en base a las investigaciones realizadas en base a diversas fuentes que se mencionan a continuación. Cualquier reproducción total o parcial queda prohibida sin la autorización del autor y la mención de la totalidad de fuentes empleadas por el mismo.
- Archivos Dintel GID
- British Small Wars – www.british-smallwars.com
- La Guerra de las Malvinas, Edición Británica Nº 10, Nº 11; EFR, 1986
- La Guerra de las Malvinas, Edición Argentina Nº 39; EFR, 1987
- “Halcones sobre Malvinas”, capitán Pablo Marcos Carballo, Ediciones Cruzamante.
- “Pradera del Ganso (Goose Green) Una Batalla de la Guerra de las Malvinas; la Historia de la Fuerza de Tareas Mercedes”; Oscar A. Teves.
- “FMA IA-58A Pucará”; Fuerza Aérea Nº3; Cettolo, Mosquera & Nuñez Padín
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